Dada la crisis ecológica que actualmente afronta nuestro planeta, que ha conducido a una pérdida acelerada de los espacios naturales, la inversión en conservación de bosques y áreas protegidas, ya no es suficiente para garantizar la conservación de las especies, entendida como la continuidad de los procesos evolutivos. Cada vez es más urgente realizar procesos de restauración en ecosistemas, afectados por las actividades humanas, pero no solamente en áreas rurales o prístinas, sino cada vez es más necesario para restaurar áreas urbanas, no solamente con el objeto de brindar espacios en los que se pueda fomentar la presencia de biodiversidad urbana, sino principalmente generar espacios que brinden al habitante urbano, la posibilidad de restaurar su relación con la naturaleza, por medio de la convivencia con el medio natural y con sus congéneres, garantizando además la cohesión social.

En una ciudad como Cuenca, existen áreas ideales para iniciar procesos de restauración, con la intención que se describe en el presente texto; la responsabilidad para quienes diseñan espacios urbanos en áreas de alta biodiversidad como la nuestra, pasa por lograr que estos espacios se integren a la ciudad, pero tengan en su concepción conceptos que van más allá del simple uso estético o recreativo. Las orillas de nuestros ríos son el ejemplo perfecto, si bien en los últimos años, se han convertido en un éxito, en un espacio de convivencia social y al que paulatinamente se le ha ido añadiendo vegetación, pero con criterios más bien estéticos, olvidando las funciones principales de los bosques de ribera.

Las orillas de los ríos en general, presentan ecosistemas complejos, por tratarse de zonas de contacto entre un ecosistema acuático y otro terrestre, esa biodiversidad vegetal permite además constituirse en el refugio de una rica fauna, no solamente residente, sino incluso en ocasiones migratoria; estos bosques también actúan como filtros naturales, que evitan el paso de la contaminación desde el suelo hacia el río; y en el sentido contrario son una barrera fundamental para evitar las inundaciones y avenidas que generan las crecientes de los ríos, principalmente en época de lluvias. Pero uno de los problemas más grandes, para establecer lo que se debe hacer en la restauración, es no saber qué ecosistema tomar como referencia, porque estamos en ambientes absolutamente antropizados. Por lo que necesitamos establecer y entender, cómo fue un territorio para restaurarlo. Esta es una tarea compleja.

A veces la restauración ecológica no se entiende bien. Se confunde con rehabilitación, reclamación o mitigación, pero eso depende de los objetivos que queramos lograr. Este es un tema vital, existen áreas por ejemplo que han sufrido procesos de afectación muy fuertes, como una cantera abandonada, en la que si bien puede ser posible realizar procesos de restauración, ésta implicaría esfuerzo e inversiones demasiado altos, si comparamos con los resultados que se pueden alcanzar; en otras palabras, pasar de un estado en el que únicamente encontramos roca madre y tierra estéril a un ecosistema similar al que existió originalmente, toma mucho tiempo y esfuerzo; por lo que en este lugar se podrían considerar alternativas de rehabilitación o reclamación, que garanticen un nuevo uso como por ejemplo una zona agrícola o recreativa, que no requieran la complejidad de un ecosistema boscoso.

En el otro extremo está la idea de que toda área debe ser reforestada; pero existen zonas en las que su cobertura original no fue el bosque y cometeríamos un gran error al intentar sembrar árboles en ella; un claro ejemplo de esto es el Plateado en la zona oriental de nuestra ciudad, debido a que el sitio es un depósito consolidado de cenizas volcánicas del cuaternario, su suelo no es apto para soportar un ecosistema forestal, y de manera natural, al menos en los últimos miles de años, su fisonomía fue muy similar a la que encontramos en este momento, por lo que cabe, conservarla de esta manera y no realizar intervenciones de forestación, pues reitero para que quede claro, no se puede reforestar, es decir volver a plantar un bosque en un lugar en el que no existió previamente.

Si en realidad queremos hablar de restauración desde el punto de vista de biodiversidad, no solamente nos interesan los servicios ecosistémicos, sino la estructura de las especies. Entonces, para pasar de un ecosistema que está alterado, a un ecosistema que se parezca al natural, debemos seguir una serie de etapas, teniendo en cuenta que de un grupo de 9 atributos, sólo 3 se refieren a la biodiversidad, los demás se refieren al funcionamiento de los ecosistemas. Desde el punto de vista de la biodiversidad, pensar aquí y ahora no nos va a servir, porque la biodiversidad se ha ido. Una mejor opción es pensar en el mismo lugar, pero en el pasado. Estamos en una zona tan diversa, que, si la comparamos con otro lugar cercano, la biodiversidad va a ser distinta. Estamos en una zona de contacto entre varias provincias biogeográficas, lo que genera una altísima diversidad. Nuestra mejor alternativa es pensar en cómo fue nuestro pasado. Para eso, una de las herramientas es la toponimia, que es el estudio del origen y la significación de los nombres propios del lugar, manifiesta la relación que tienen las personas con el territorio y cómo se han ido apropiando de él.

 

 

 

 

Fuente: El Mercurio | ElProductor.com1-6B-5-coles eco

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