La captura de merluza, que en Ecuador surgió como una forma de compensación ante la eliminación de la pesca de arrastre, pasa por un mal momento. Aunque los niveles de captura han mejorado en los últimos meses, la flota de 40 embarcaciones no cuenta con un mercado seguro de exportación.

La captura incipiente de merluza se impulsó en el país en el 2014 con un arranque que, a criterio de sus pescadores, fue exitoso. En el primer año el sector alcanzó ventas en exportaciones por $ 13 millones, un rubro que más tarde (en el 2014) llegó a tener picos de hasta $ 23 millones. Hoy, las embarcaciones están ancladas en el puerto, no porque no tengan qué capturar, sino porque no tienen a quién vender.

Así lo explica Juan Carlos Correia, gerente de operaciones del grupo Cobos, una empresa dedicada a la captura y comercialización de merluza. Actualmente, sostiene, el sector tiene la capacidad de capturar hasta 2.000 toneladas semanales de esta especie, pero explica que tanto Venezuela y Rusia, por sus problemas económicos internos, han dejado de comprar más del 60 % de su producción. “Por eso, muchas de las embarcaciones ahora están paradas”, manifestó.

La situación preocupa a cerca de 3.000 personas que viven de la actividad y que plantean al Gobierno dos soluciones al problema: la una es que se empiece a promocionar la oferta ecuatoriana en mercados foráneos; la otra, y una de las que mayor expectativa provoca, es que se permita a la flota merlucera aplicar una pesca polivalente; es decir, que pueda capturar más de un recurso como el camarón de mar o pesca blanca.

El subsecretario de Pesca, Víctor Alcívar, dijo ayer a EXPRESO, que esta última alternativa se vuelve viable, luego de observar los resultados que dejó un plan piloto que en el 2015 se aplicó en el sector, a raíz de las bajas capturas que se originaron, como consecuencia del fenómeno de El Niño. No obstante, dijo, “aún estamos socializando cuáles serían las rutas críticas en las cuales se podría aperturar esta pesquería en sí”, dijo Alcívar, quien espera tener lista una resolución en febrero.

El subsecretario aclara que no se trata de repetir las prácticas que años atrás caracterizaba a la pesca industrial de arrastre, cuestionada por ser poco selectiva en sus capturas y por ser perjudicial para los fondos marinos. Sería una pesca de arrastre, pero fuera de las ocho millas y en áreas puntuales”, aseguró.

La flexibilidad que se aplicaría a este sector entusiasma al sector exportador que desea incrementar sus ventas de camarón de mar. Verónica Dahik depende de una mayor oferta para abastecer al mercado europeo, a donde este año busca entrar. “La pesca de los artesanales no alcanza para la demanda que hay… Ojalá esto no demore. Deberíamos aprovechar que Perú, Panamá y México están en vedas”, sostiene.

 

 

Fuente: El Universo | ElProductor.com

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