Su rostro, pintado con esas marcas blancas alrededor de sus ojos, lo hace lucir tierno y carismático. Por ello se lo llama también oso de anteojos (Tremarctos ornatus).

Es mayormente herbívoro, por ello tiene la habilidad de trepar el árbol conocido como pacche para comer su fruto, parecido a pequeños aguacates. Después de comer, hace siesta en camas que forma en las horquetas de los mismos árboles con ramas que rompe para alcanzar los frutos.

Esos árboles fructifican mucho en las tierras bajas del noroccidente de Pichincha dos meses al año, en los cuales es probable lograr los avistamientos de esa especie (estamos en época).

Todo aquello aprendimos durante una visita al ecolodge de la reserva privada Maquipucuna (mano amiga, en quichua), ubicada a dos horas de la ciudad de Quito, en la parroquia Nanegal. Esta área protegida es muy adecuada para esos avistamientos. “La temporada de osos 2016 se inició el 7 de diciembre con el primer avistamiento. Desde entonces, casi todos los visitantes los han observado. De los casi 60 osos registrados en el Corredor del Oso, este año se han avistado 12 individuos. Esperamos verlos hasta la última semana de enero”, indica Rebeca Justicias, directora de Maquipucuna, quien agrega que el oso andino es una especie amenazada en peligro de extinción. La principal razón es la destrucción de su hábitat por la deforestación para convertir los bosques en pastizales, cañaverales y, ahora, en áreas de minería.

Por el sendero

La conservación del oso de anteojos es una prioridad dentro de los ecosistemas andinos, y para ello resulta necesario que el público aprenda más sobre ese mamífero que, en ocasiones, es cazado por campesinos debido a que temen que ataque a su ganado y otros animales.

Maquipucuna, con casi 6 mil hectáreas de terrenos entre los 900 y 2.700 metros sobre el nivel del mar, brinda ese tour educativo en sus senderos. Arcenio Barrera, guía nativo de la reserva, muestra los fuertes cortes que realizan los osos a los troncos para buscar su alimento. “Además del pacche, abren los troncos del corozo (tal como se llama comúnmente a un tipo de palmera) para comerse el corazón”. Y agrega que cuando ascienden al páramo se alimentan de las plantas de achupallas.

Pero el visitante no debe ir solo con la expectativa de observar a los osos. Incluso con las mejores condiciones, no es seguro lograr un avistamiento; la real experiencia es conocer ese hábitat que acoge a tales animales cuando ellos lo necesitan.

Por todo ello, Maquipucuna es promocionada por la empresa municipal Quito Turismo como el corazón del Corredor del oso de anteojos, que incluye a las parroquias Calacalí, Nanegal, Nanegalito, Nono y San José de Minas.

En otros lugares

La reserva Maquipucuna brinda facilidades para hospedarse.La reserva Maquipucuna brinda facilidades para hospedarse, acampar y realizar caminatas en su hermoso bosque lleno de aves y vegetación.

Armando Castellanos trabaja desde 1995 en proyectos de reintroducción, de estudios de ecología y comportamiento de la especie. Hoy labora en zonas del Parque Nacional Cayambe Coca, y dice que también es posible observarlos en la Reserva Ecológica Antisana y otros territorios andinos del país. “Lo más emocionante fue que reintrodujimos un oso por tres ocasiones usando varios tipos de helicóptero. En los dos primeras liberaciones, el oso nombrado como Bubu y conocido mundialmente en el Facebook, regresó después de varios meses de liberado, hasta que finalmente cuando lo liberamos en el Parque Nacional Llanganates, Bubu ya no regresó y vive en esa área protegida”.

Castellanos admira en ellos su inteligencia y la gran devoción de las madres para cuidar a sus oseznos. “Las leyes que existen deben ser cumplidas, he denunciado a través de las redes sociales algunos casos de cacería, los casos son archivados y olvidados. No existe la voluntad política para sancionar”.

 

Fuente: El Universo | ElProductor.com

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