Cuando conducía una volqueta, su trabajo era muy duro y conllevaba muchos riesgos. Además no tenía ningún tipo de beneficio social y tampoco tiempo para su familia. “Comprábamos y comíamos lo que podíamos encontrar en los mercados. Hoy producimos nuestros propios productos”, cuenta Segundo Tituaña, de 58 años de edad, quien vive en barrio San José de Yaruquí, en el nororiente de Quito.

Hasta hace un par de años dejó su trabajo como volquetero y junto a su familia se dedicó por completo a la agricultura orgánica.

Como muchos otros empezó por curiosidad, “por saber de qué se trata, si era algo de moda o si en verdad podría servirme empecé. Al poco tiempo aprendió que para cosechar productos orgánicos hay que ser paciente, porque los sembríos se demoran un poco más en producir y que el abono natural que se hace con la ayuda las lombrices no es tan rápido como el químico, pero el resultado es mucho mejor, el producto es más sano y nutritivo.

Una fuente de trabajo

Lo que empezó como una aventura para Tituaña ha representado una fuente estable de ingresos económicos para su familia, que amplió su producción y ahora cubre una creciente demanda de productos. Ahora arrendiendan un terreno de 1.200 metros cuadrados en su misma parroquia rural.

“No fue fácil, fue un año de cursos, de prácticas, de talleres con los técnicos de ConQuito”, comenta Tituaña, quien aprendió a manejar la tierra, a preparar las semillas y cuándo se puede sembrar. Ahora sabe hacer trampas para los mosquitos y hasta aplica riego por goteo.

Tituaña es solo una de las 19.000 personas que durante 15 años se ha beneficiado de las capacitaciones del programa de agricultura orgánica que se ha desarrollado en Quito.

Iniciativa

La iniciativa empezó a implementarse de la mano de técnicos del Programa de Gestión Urbana de la Organización de las Naciones Unidas (PGU) y luego fue replicada por el Municipio. La responsable de este proyecto municipal, Alexandra Rodríguez, comenta que con un equipo permanente de técnicos y especialistas se ha podido brindar capacitación en el campo a grupos organizados de por lo menos cuatro personas, que han logrado poner en marcha 3.300 huertos.

“Es una escuela de campo para la producción orgánica sostenible, de granja agroecológica para transmitir estas técnicas que son fáciles de asimilar en hogares, escuelas, en centros de rehabilitación social, de salud, de reunión de adultos mayores”, comenta la funcionaria. (JCER)

Un programa

° En 2002 empezó el programa de agricultura urbana como una actividad integradora que incrementa la biodiversidad urbana y mejora la gestión ambiental y los ingresos, genera empleo y ahorro por el consumo de la producción propia para sus participantes.

Esta actividad se la puede realizar en terrazas, balcones, jardineras, patios, espacios comunales o privados y/o contenedores reciclados como: cajas de madera, botellas, llantas y macetas, entre otros.

En los últimos años se han generado más de 100 emprendimientos asociativos de la agricultura urbana que manejan giros de negocio comprendidos entre: producción primaria (frutas, hortalizas, plantas medicinales), procesamiento de alimentos (snacks, conservas, panificados, deshidratados, lácteos, cárnicos), crianza de animales de granja (cuyes, conejos, abejas, aves de engorde y de postura, codornices, cerdos y trucha).

CIFRAS
Programa
Otros resultados

° 17 Bioferias abiertas

° 240.000 consumidores permanentes de las Bioferias

° 945 microinvernaderos implementados

° 48 conformadas Cajas de ahorro y crédito comunitarias

 

 

Fuente: La Hora | ElProductor.com

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