La biodiversidad de flora y fauna y la bondad climática permiten que Ecuador sea un país de paso de 270 especies migratorias, que llegan durante la época invernal, sobre todo del norte del continente.
De octubre a inicios de mayo es posible apreciar estos ejemplares. Según la fundación Jocotoco, constituyen 142 especies. De estas, 122 realizan una migración boreal (de norte a sur), mientras que 20 siguen la trayectoria inversa (conocida como austral). Pero dichas especies solo llegan hasta el centro del continente; este viaje se da entre marzo y octubre.
“Nosotros somos solo el hábitat de invierno, aquí consiguen alimento, pero no vienen a reproducirse acá”, expresa Carolina Arroyo, directora de relaciones estratégicas de la fundación, la cual se dedica a la protección de áreas para la conservación de especies endémicas y nativas del país.
A la reserva Narupa, en Archidona (Napo), llega cada año la reinita cielo azul, originaria de Estados Unidos, cuya situación es de amenaza. “La reserva es el último hábitat de esta especie, porque casi no hay bosque donde pueda descansar, encontrar comida y agua”.
Las aves
Esta especie tarda tres semanas en recorrer los 9.000 km que separan a Ecuador del norte del continente.
“La presencia de estas aves demuestra que las diversidades de climas, flora y fauna del territorio nacional son óptimas. El país es un sitio de descanso en sus largos viajes y al mismo tiempo debemos ser conscientes de la importancia de proteger esas vidas que llegan solamente por épocas”.
Según el análisis de ‘Birds in Ecuador’, al menos el 7,5% de la avifauna nacional pertenece al grupo de los migratorios boreales; a estas especies se las encuentra en todo el país, pero tienen su mayor concentración en la región Costa, debido a la participación y presencia de la especie playeros.
De acuerdo con el Ministerio del Ambiente (MAE), es posible visibilizar al añapero común en la Reserva de Vida Silvestre Santa Clara, en El Oro; mientras que el gallinazo cabecirrojo está en reservas de Manabí, El Oro y Guayas. Esta especie mide alrededor de 70 cm y es nativa de la parte norte del continente; se caracteriza por ser de cuerpo negro y cabeza roja.
Las piscinas de Ecuasal, en Salinas, es uno de los espacios que más especies migratorias congrega.
Un estudio desarrollado en 2014 por esta empresa indica que cada año este espacio recibe a 100.000 aves migratorias que transitan por la provincia de Santa Elena.
Las principales especies que pasan por allí son el falaropo de Wilson, el playero menudo y el playero semipalmeado.
“A las piscinas acudieron 59.000 falaropos de Wilson, es decir, el 5% de su población mundial: 1’500.000, indica el estudio.
Su presencia es transitoria y su número es elevado entre agosto y octubre. La permanencia varía de 15 días a un mes. La alimentación está compuesta de larvas y adultos de Artemia salina (tipo de crustáceo) y moscas de sal.
Las aves van a la Sierra
Si bien la mayoría de estas especies acude a los sitios costeros por su clima, también es posible observar aves migratorias dentro de la región interandina (en Quito).
Hay, incluso, una especie conocida como cuvivíe, que llega para morir en la laguna de Ozogoche (Chimborazo), porque su reserva energética -tras recorrer más de 5.000 km- termina y no puede continuar la travesía.
Según el ornitólogo Juan Manuel Carrión, cuando estas aves están sobre el istmo de Panamá (estación de paso del norte al sur del continente) toman distinta orientación.
“La gran mayoría se dirigirá a las costas, donde no tendrá problema porque las condiciones climáticas son favorables; pero las que deciden continuar por la cordillera la tienen difícil, porque no hay abastecimiento en el camino y la mayor parte llega con las reservas de energías consumidas y desfalleciendo, por lo que mueren en las aguas heladas de Ozogoche”.
En la capital de la República es posible observar patos, gaviotas o chorlitos en espacios acuáticos, como el reservorio de agua del valle de Cumbayá (en el noreste).
A estas especies también se las puede encontrar en una pequeña laguna que se formó en la cabecera norte del aeropuerto Mariscal Sucre, en el sector de Tababela.
“Durante los últimos cinco años, la presencia de estos patos se ha constituido en un grupo numeroso que supera los 300 ejemplares, a los que se les puede ver entre octubre y la primera semana de mayo”.
Campaña
La presencia de las aves migratorias -coinciden los especialistas- se debe a la conservación de las áreas de flora y fauna.
Precisamente, la interrelación entre seres humanos y aves es el lema de la campaña denominada ‘Su futuro es nuestro futuro’, que este año impulsa la Organización de Naciones Unidas (ONU), a propósito del Día Mundial de las Aves Migratorias.

“Existe una interdependencia entre personas y las aves migratorias porque compartimos el mismo planeta y recursos limitados. La actividad humana puede tener un impacto negativo. La humanidad depende de ellas en muchas formas”, señala la ONU.

Fuente: El Telégrafo | ElProductor.com

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