La cotización del peso mexicano frente al dólar se ha convertido en el principal indicador de la intensidad de las turbulencias que causa el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la economía mexicana.
Días después de que Trump resultara electo como presidente, el pasado 8 de noviembre, la moneda mexicana se había depreciado en 4,26% frente al dólar. Y luego de su toma de posesión, el 20 de enero, había perdido el 12,7% de su valor frente a la divisa estadounidense.
Pero en la medida en que ha ido avanzando el gobierno de Trump y de que su encendida retórica se ha topado con un Congreso que, a pesar de tener mayoría republicana, ha puesto trabas a temas emblemáticos como el desmantelamiento del plan de salud heredado por Barack Obama -el llamado ‘Obamacare’- y a la construcción de un muro en la frontera con México, la economía mexicana se ha ‘blindado’ de las bravuconadas del inquilino de la Casa Blanca.
De enero a julio, el peso mexicano registró un alza del 23,5% frente al dólar y se convirtió en la divisa que más se ha apreciado este año ante la divisa estadounidense.
Y no solo eso. A pesar de las amenazas de Trump de retirar a Estados Unidos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y de imponer aranceles a las mercancías procedentes de México para reducir el déficit comercial con ese país, en los hechos, las exportaciones mexicanas a ese mercado siguen en ascenso.
Durante el primer semestre de este año, las exportaciones de mercancías de México a Estados Unidos llegaron a $ 153.673 millones, lo que representó un incremento del 8,4% con respecto al mismo periodo de 2016.
Además, México obtuvo un superávit comercial de $ 36.000 millones con Estados Unidos, un mercado que es el destino del 80,9% de sus exportaciones.
Estos inesperados resultados en comercio exterior han llevado incluso a los organismos multilaterales y a las calificadoras de riesgo a elevar sus pronósticos de crecimiento de la economía mexicana para este año.
JPMorgan, que en febrero pasado esperaba para México un modesto crecimiento de 1,3% en 2017 por la incertidumbre en la relación con Estados Unidos y el debilitamiento del peso frente al dólar, elevó el 31 de julio su pronóstico a 2,4%.
Pero si bien esas cifras indican que el comercio exterior y la economía de México han salido airosos de las amenazas de Trump en los primeros 6 meses de la administración del millonario neoyorquino, aún les falta sortear lo peor del vendaval.
De hecho, la verdadera prueba de fuego de la economía mexicana está por iniciar.
Esto ocurrirá a partir del miércoles 16 de agosto cuando, por disposición de Trump, los socios del TLCAN -México, Canadá y Estados Unidos- comenzarán a renegociar ese acuerdo comercial que se echó a andar hace 23 años.
El director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico de México, José Luis de la Cruz, dice a EL TELÉGRAFO que la renegociación del TLC tiene varios riesgos para su país.
El primero, explica, es porque uno de los objetivos explícitos de Estados Unidos en la renegociación es tratar de reducir el déficit comercial con México, que el año pasado llegó a $ 63.200 millones.
“Esto implicaría que las exportaciones de Estados Unidos hacia México tengan que subir y que las compras de Estados Unidos a México deban disminuir. Y si este objetivo se cumple, y no es bien manejado, existe el riesgo de que haya una presión muy fuerte sobre la estructura de comercio entre los 2 países. Aquí el principal perdedor sería México”, señala el economista y doctor en Administración del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.
La alta dependencia de México en el mercado estadounidense, al que le vende 8 de cada 10 dólares de su comercio exterior, lo deja en una situación vulnerable en caso de que Trump decida imponer aranceles a las importaciones mexicanas o cuotas de exportación a los productos estadounidenses para cumplir su promesa de reducir el déficit comercial con su vecino del sur.
El Capítulo 19
Otro desafío que enfrentará México en la renegociación del TLCAN será la pretensión estadounidense de suprimir el Capítulo 19 de ese acuerdo comercial, que es el que regula la solución de controversias entre los socios del tratado.
El Capítulo 19 del TLCAN permite a México, Estados Unidos y Canadá solicitar el establecimiento de paneles binacionales independientes y con poder de decisión cuando sus exportadores consideren que son víctimas de prácticas comerciales desleales por parte de alguno de sus socios en el acuerdo.
De esta manera, los miembros del tratado han evitado resolver sus disputas en los tribunales judiciales de sus países, en especial en los de Estados Unidos, que es el socio que más incurre en el uso del dumping (vender en los mercados externos un producto por debajo de su precio de producción) y medidas proteccionistas en beneficio de sus exportadores.
José Luis de la Cruz señala que, en los hechos, la desaparición del Capítulo 19 “implicaría aceptar la legislación de Estados Unidos en materia comercial para resolver controversias relacionadas con temas como transparencia, regulación y dumping”.
El pasado 26 de julio, el Congreso bicameral mexicano aprobó incluso un punto de acuerdo para exigirle a la Secretaría de Economía -la que representará a México en la renegociación del acuerdo comercial- que rechace la pretensión del gobierno de Trump de eliminar el Capítulo 19 sobre resolución de controversias.
El senador independiente y precandidato presidencial Armando Ríos Pitter dijo que si Estados Unidos persiste en su propósito de eliminar ese capítulo, México debe retirarse de la negociación.
Y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, ha señalado que el Capítulo 19 es una herramienta esencial del TLCAN y que espera que continúe siendo parte del acuerdo.
En 1993, cuando el TLCAN estaba en negociación, el entonces primer ministro canadiense Brian Mulroney impulsó el Capítulo 19 para impedir que la solución de los conflictos comerciales quedara en manos de los tribunales de Estados Unidos.
En este y en muchos otros temas de la renegociación de ese tratado, Canadá y México actuarán de manera coordinada en defensa de sus intereses, a pesar de lo cual Estados Unidos seguirá con un peso mayor por la alta dependencia que tienen sus dos vecinos de ese mercado.
Un panorama complejo
Para el economista José Luis de la Cruz, quien también se desempeña como presidente de la comisión de estudios económicos de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), es claro que el período de turbulencia que registró la economía mexicana con la elección de Trump y su llegada a la Casa Blanca, en enero pasado, puede regresar con igual o mayor fuerza.
“Esto -dice- dependerá de la rispidez y la rapidez de la renegociación, y del tamaño de las divergencias en la mesa de negociaciones”.
Un escenario de confrontación entre los negociadores de México y Canadá con los de Estados Unidos podría generar presiones importantes sobre la economía mexicana y nuevos episodios especulativos que causen perturbaciones en los mercados financieros.
El tamaño del daño que un fracaso en la renegociación del TLCAN podría sufrir la economía de México es proporcional al tamaño de la dependencia que tiene este país en el mercado estadounidense.
Durante años, diferentes sectores mexicanos han insistido en la necesidad de diversificar mercados y establecer una asociación estratégica con potencias emergentes, como China y la India, pero la facilidad del acceso de los productos mexicanos a Estados Unidos, y la proximidad geográfica con ese mercado, acabaron siempre por postergar la reorientación del comercio exterior.
El negociador
El secretario mexicano de Economía, Ildefonso Guajardo, quien encabezará la renegociación del TLCAN por parte de su país, ha llamado a reflexionar sobre la necesidad de México de ir por nuevos mercados.
“Estuvimos 22 años (desde la puesta en marcha de ese acuerdo comercial) en una zona de confort, una zona donde nuestros socios del sector privado y nosotros hicimos el trabajo que correspondía, pero al mismo tiempo podríamos decir que nos dormimos en nuestros laureles”, dijo hace unos días.
La renegociación del TLCAN, que iniciará el próximo 16 de agosto, sellará el rumbo que seguirá la economía mexicana durante los próximos años.
Aunque México tiene muchos aliados internos en Estados Unidos, como el sector agropecuario -que destina más de $ 3.000 millones de exportaciones al mercado mexicano-, las posturas aislacionistas y xenofóbicas de Trump conspiran contra el libre comercio que, algún día, fue impulsado desde Washington.

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