La campaña de la patata arrancó en Andalucía y Murcia a finales de mayo de forma tímida. «Todavía había excedentes de patatas en las naves francesas y durante un periodo convivieron patatas francesas y las primeras de nuestro país», explica Yolanda Medina, responsable del Departamento Técnico y de Calidad de Carsa.
La cosecha andaluza fue de muy buena calidad, producción y unos rendimientos por encima de los habituales. Después comenzó Cartagena, que debido a las lluvias torrenciales de navidades, retrasó sus siembras. Esto provocó un arranque tardío de un mes sobre lo habitual, solapándose con el inicio de la campaña en Castilla y León, en la primera semana de julio.
Si bien durante el inicio de campaña se vivieron buenos momentos, con los arranques en Andalucía y en Castilla León, donde al principio la oferta y la demanda estaban equilibradas y la recolección escalonada, esta situación cambió a partir de la primera semana de agosto. «El excesivo calor provocó un adelanto de los arranques, las patatas cedieron por las altas temperaturas, entrando en producción todas a la vez, lo que concentró toda la oferta al mismo tiempo», comenta Medina. Galicia, La Rioja o las últimas provincias en arrancar de Castilla y León, como Segovia, que es habitual que comiencen en septiembre también empezaron en agosto.
El precio no cubre los costes
Al haber tanta oferta a la vez, los precios se hundieron, pasando de los excepcionales del año pasado entre los 0,20 y 0,35 de media, a no cubrir los costes de producción con todas las variedades por debajo de los 0,12 céntimos por kilo.
A este desplome de los precios contribuyó, además, alguna exportación francesa, «que aunque no es lo habitual por esta época, cada vez es más frecuente que realicen, de forma localizada, variedades para el mercado de agosto y septiembre». También, Andalucía propició esta concentración de la oferta en agosto y primeros de septiembre. Esta Comunidad, con muy buenas producciones y calidad, ha tenido problemas de venta. Andalucía exporta la mayor parte de su producción y, aunque comenzó bien, el calor generalizado también en Europa adelantó la recolección en los países que normalmente compran patata a esta Comunidad. «Al tener ellos producto en una época fuera de lo habitual, las exportaciones se pararon porque no había oferta, por lo que los productores tuvieron que guárdalas o sacarlas al mercado a la vez que estaban todas», detalla la responsable de Carsa.
La situación es de gran incertidumbre porque por las condiciones climáticas hay mucha producción y no hay demanda. «En el mercado actualmente no hay capacidad para absorber tanta cantidad y todavía hay patatas en la tierra que día tras día van perdiendo cualidades». El panorama podría mejorar si Francia cediera algo en sus actuales exportaciones y si Portugal activase sus importaciones, hasta ahora bajas.
Fuente: eleconomista.es

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