Hasta las 18:00 de ayer se buscó a Juan Corozo debajo de la barcaza que se viró al sur. Hoy se reinicia la búsqueda. Ambiente descartó contaminación.

Orca I tenía cuatro tripulantes a bordo al virarse sobre el río, junto al muelle de la Caraguay, al sur de la urbe. Uno de ellos, Juan José Corozo, sigue atrapado y hasta el cierre de esta edición no fue hallado por los buzos de la Infantería de Marina y los miembros del Comando de Guardacostas y de la Escuadra Naval.

A las 17:00 de ayer el llanto se había disipado. Habían pasado ya cinco horas del suceso, pero quedaba la angustia. Recostado sobre la malla metálica, el padre del estibador atrapado en el interior de la barcaza, que al momento del accidente realizaba labores de carga en la nave, igual que su hijo, suplicaba a Dios que este sobreviva.

Encontrarlo es complicado. Aunque el personal elegido para esa misión es especializado en este tipo de operaciones, las condiciones de visibilidad, la corriente y el combustible derramado en el agua son realmente adversos, reconoció la Armada en un comunicado.

El equipo completo se concentró en hallarlo cuando ya el derrame de combustible había sido controlado en un 90 %, gracias a las barreras aislantes que colocó la entidad.

Más tarde, el Ministerio del Ambiente confirmó que los tanques de CA-20 que transportaba la embarcación, y que tenían como destino Galápagos, se solidificaron al contacto con la temperatura ambiente, por lo que no generaron contaminación en el afluente. Las maniobras que se ejecutaron, precisó esa cartera de Estado, fueron para retirar el producto.

La barcaza tiene 50 metros de eslora y 7 metros de manga y al momento del viramiento realizaba maniobras de carga de tanques de asfalto CA-20. Ayer se comentaba que el accidente lo habría causado una mala maniobra o una mala compensación de carga, pero aquello deberá de ser confirmado por los peritos.

Al respecto, el capitán de Navío, Patricio Hidalgo, director del Instituto Oceanográfico de la Armada, mencionó que se efectuará un levantamiento hidrográfico con un ‘side scand sonar’, una especie de cámara fotográfica que realiza un mapeo de lo que tiene el fondo del río, con el objetivo de encontrar tanques u objetos que posteriormente representen un peligro en esa área. Asimismo, colocarán boyas de señalización para delimitar el sector.

Además de la Armada y Ambiente, varias instituciones de Estado, como el GIR y Gestión de Riesgos, apoyaron las labores de rescate del estibador. Su familia, durante la tarde, recibió asistencia psicológica.

Es complicado, reconoció el mayor Carlos Mallarino, jefe de la División Especializada Fluvial del Cuerpo de Bomberos. “La marea, al bajar, con el barco ya encallado como está, hace mucho más difícil el acceso”, detalló.

El hombre respondió a los primeros estímulos, con algunos golpes en la barcaza, pero luego estos cesaron. “Debía estar cansado y perdiendo oxígeno dentro de la embarcación”.

Juan no saltó y no se sabe por qué

La noche detuvo la búsqueda de Juan Corozo. Los 26 buzos de la Armada, que hoy retoman su labor a las 07:00, no pudieron continuar ayer.

“La posición en la que se encuentra la barcaza, los sedimentos y la corriente lo impedían”, explicó a EXPRESO el capitán de Fragata Juan Liger.

Hoy, el reto es soportar el combustible dentro de la barcaza, que provoca irritación.

Al momento de caer, la nave estuvo inclinada diez minutos. Corozo, de 26 años, estaba en el puente, igual que su equipo. “Los tres alcanzaron a saltar. Él no lo hizo. Quizás por miedo o nervios… no se sabe”.

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