está a cientos de kilómetros, en Sudamérica. Según Heidi Tinsman, profesora de Historia en la Universidad de California, Irvine, el aumento del consumo de uvas en los Estados Unidos en las últimas décadas ha tenido consecuencias negativas y positivas sobre los derechos de los trabajadores y la independencia económica de la mujer.

Su charla «Se compraron el modelo: Consumo, uva y la dinámica transnacional: Estados Unidos y Chile durante la Guerra Fría» ofrecida este año se basa en las investigaciones de su libro homónimo.

En 1960, las uvas pronto se convirtieron en la fruta más demandada en los Estados Unidos. En la década de los 70, el consumo se situaba en menos de 1 kilo de uvas per cápita, pero desde entonces la cifra ha ascendido a más de 5 kilos per cápita. Y desde el derrocamiento militar del gobierno socialista de Chile en 1973, casi todas las uvas consumidas en los Estados Unidos de enero a abril se cultivan en Chile.

Tinsman sostiene que esta rápida producción de uvas en Chile acarreó un alto coste para los chilenos. «Este milagro, por descontado, se basó en la explotación extensiva, espantosos abusos de los derechos humanos y el empleo masivo de trabajadores mal retribuidos».

En cambio, Tinsman también afirma que el auge de la viticultura chilena tuvo numerosos beneficios para los propios trabajadores chilenos. El consumismo ha sido testigo en Chile de un brusco incremento; la compra de productos como televisores, radios y lavadoras por parte de los trabajadores chilenos ha sido cada vez más frecuente.

Tinsman ha descubierto también que el desarrollo de la viticultura chilena permitió una gran reestructuración de las relaciones de género en las familias de campesinos, lo cual permitió a las mujeres incorporarse cada vez más a la vida laboral con salarios reducidos en la fruticultura. Esto brindó a las campesinas una independencia económica sin precedentes y también llevó a los hombres a involucrarse cada vez más en la vida familiar.

Como publica Lafayettestudentnews.com Tinsman hace un fuerte hincapié en las diferencias en la manera de publicitar las uvas entre los viticultores californianos y chilenos.

«Desde la manera de ver las cosas de California, se hace una continua referencia a la naturaleza, a la idea de la madre naturaleza, una bondad inmaculada, y una cierta moda de comer frutas y hortalizas», apunta Tinsman. Por el contrario, «la cosa cambia mucho en cuanto a Chile. La publicidad chilena subraya la salud y la frescura, pero la fuente de tal bondad es la ciencia en lugar de la naturaleza», añade.

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