La parroquia Sayausí y la comuna Uchuloma, de la parroquia Baños, lograron organizarse y apostaron por el  agroturismo como una manera de obtener ingresos y mostrar las maravillas de la ruralidad cuencana.

A inicio de año, de manera simultánea, comenzó el proyecto en ambos lugares. “El agroturismo es uno de los ejes en el gran proyecto denominado Agroecología para la vida”, explica el gerente de la EDEC EP, Carlos Rojas.

Para lograr llegar a la última fase, que es la difusión, los técnicos de la EDEC EP empezaron por diagnosticar los lugares emblemáticos, la gastronomía y virtudes de sus habitantes, relata Rojas.

Después, se dedicaron a capacitar  en  hospitalidad, atención, primeros auxilios, entre otros, a los que se comprometieron trabajar en el agroturismo.
“El siguiente paso fue hacer los paquetes turísticos”, refiere el gerente; por último, Sayausí y Uchuloma llegaron a la etapa actual que es la difusión y la comercialización.

En este punto colabora la Fundación Turismo para Cuenca. En equipo, junto con los miembros de las comunidades, la EDEC EP y la Fundación hacen videos y fotografía que posteriormente publicarán para promocionar y vender este emprendimiento.
Se calcula que en septiembre estas rutas rurales sean una opción más para quienes llegan a Cuenca. 
“Ahora solo estamos con visitantes, pero en unos meses queremos recibir a turistas, personas que pernocten en estos lugares”, promueve Rojas.

Energía 
La comuna Uchuloma significa “Montaña de Ají”, refiere Azucena Montero, una de las comuneras. “Nuestros mayores le pusieron este nombre porque ahí la tierra es roja como el ají”, asegura Montero.

Detalles como estos son relatados por quienes tradicionalmente han sido protectores de este sitio,  que para Montero es “sagrado y energizante”.
Allá hay lugares que no han conocido ni el hacha ni la mano del hombre, pero también hay miradores desde donde se puede disfrutar de la vista de Baños y también de Cuenca.

Uchuloma es también un referente de la sabiduría andina; allá se celebraban los cuatro raymis, se prepara el tradicional cuy y se baila la curiquingue.
“Queremos que los turistas se sientan en familia, que conozcan las tradiciones y experimenten cómo es la vida en las áreas rurales”, comenta Montero.
Para los habitantes de la parroquia Sayausí, este proyecto ha logrado la unión vecinal y también el rescate de tradiciones muy antiguas como el juego del sambo, y de las  leyendas y mitos que aún viven en la memoria de los mayores. La gastronomía andina también es anfitriona y se ofrece a los turistas. (I)

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