De 500 palmas de coco solo le quedaron dos. Era el año 1998 y aquel “invierno bravo” destruyó todo a su paso.

Luis Hernán Cedeño recuerda que el agua parecía una sábana café que recubría sembríos, casas y carreteras. La zona se llenó de embanque, dejando cultivos bajo tierra.

Lo único que dejó el fenómeno del niño de 1998 fue pena y devastación en la comunidad Puerto Loor, de Rocafuerte.
Hernán cuenta que años atrás había construido su vivienda como en tiempos remotos.
Era alta, con grandes portones, pero el lodo cubrió parte de su estructura.
Con sus dos palmas de coco, “las sobrevivientes”, tan grandes como sus ganas de superarse, volvió a replantar su finca y con los frutos recolectados buscó una estabilidad económica, que era difícil en aquel entonces.
Formó lechuguinos, una especie de vivero para cultivar palmas de coco listas para trasplantar.
El fruto ya seco, debidamente seleccionado, lo comercializaba en restaurantes y vendedores de jugo.
Poco a poco el paisaje verde regresó y su negocio le sirvió para solventar los gastos de la familia.
Jhonny Cedeño, hijo de Hernán, aprendió el oficio, le gustó tanto labrar la tierra que obtuvo un título en
ingeniería agrícola.
“Seleccionamos el producto para que sea de calidad”, agrega Jhonny, quien revisa cada germinación del cultivo.
Proceso. Hay dos formas de comercializar el producto.
Seco, es el primero, y este lo utilizan para hacer jugos.
“Este tiene una manzana interna muy apetecida”, dijo este emprendedor.
Otra de las formas en que vende cocos es germinados
y con hojas, listos para trasplantar.
Los precios van de $1,50 a 10 dólares.
Jhoanna Cedeño, quien aprendió esta labor, explica que hay tres tipos de palma de coco.
Estas son: manilita, que produce cocos en 4 meses; manila, que en 4 años brinda un producto mediano; y los criollos, que tardan en producir cocos gigantes en 8 años.
Agrega que esta labor la realizan en gran parte de Puerto Loor y comunidades cercanas. También hay quienes venden el coco verde para tener ingresos más rápido, mientras que quienes venden cocos secos para siembra y bebidas, tardan hasta 9 meses.
De esta manera se mantiene una de las tradiciones manabitas, que es sembrar y cosechar cocos para seguir con la reproducción. Hernán ha podido vivir con este trabajo.
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