Es un asunto de intermediarios que empieza cuando se captura el producto y el pescador lo ofrece a 1,50 dólares la libra a un comerciante mayorista, que muchas veces lo compra en alta mar antes de que llegue a tierra.

Este se lo vende a otro mayorista en la playa, que lo adquiere en 2,50, para luego venderlo en 3,50 dólares  a los comerciantes que al público lo ofrecen en 4,50 o hasta cinco dólares, explica Kléber Delgado.
“Es una cadena de ofertas, a veces hay más manos en esto, lo que encarece el producto”, señala el vendedor.
Eso sí, hay que tomar en cuenta que la libra del picudo se vende en 1,50 dólares  por pieza, es decir entero, del cual se aprovecha un 80 por ciento.
Ingresos. Jimmy López, dirigente pesquero, dice que los pescadores artesanales no perciben ingresos  justos porque nadie controla que se le pague lo correcto, y pone otro ejemplo.
“Los comisariatos venden el pescado pequeño a 7 o 12 dólares el kilo (dos libras), pero a nosotros nos pagan 1,50  a dos dólares el kilo. Hay una diferencia abismal al momento de las ganancias”, señala.
Y eso se debe, explica López, a que los pescadores no tienen dónde almacenar el producto cuando llegan de faena. Esa es la razón por la que, ante el temor de que se dañe, deben venderlo rápido.
“No  tenemos ese sistema completo para sacarle provecho a la producción. No hay transportación en frigoríficos  por ejemplo”, expresa.
Segundo Chávez indica que un pescador artesanal invierte entre 300 y 500 dólares en un viaje a pesca en su lancha de fibra. Esto se paga en combustible, alimentación, medicinas y artículos  para pescar.
Él es dirigente de los pescadores y señala que pasan hasta cinco días en altar mar. Si la pesca es buena obtienen entre 1.500 y dos mil dólares, que deben repartir entre tres y cuatro personas, pero cuando es  mala no llegan ni a los 500.
“La pesca es así, a veces se trabaja a pérdida. Y lo peor es que a veces hay mucha producción de pescado, lo que hace que los precios bajen aún más”, expresa.
Segundo comenta que son los comerciantes los que generalmente terminan poniendo los precios y el pescador debe vender para no quedarse “varado”.
La albacora, por ejemplo,  a veces se vende en 1,50 dólares la libra, pero en el mercado termina a 3,50 dólares. Y así sucede con pelágicos como rabudo, gacho, banderones, caritas, entre otros.

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