Desde que tiene memoria ha labrado la tierra con sus manos. Él solo sabe que la zona es buena para cultivar arroz y maíz.

Así ha pasado más de 50 años, con sistemas tradicionales de siembra, agregando antes de cada producción urea con uno que otro componente fertilizante. Ángel Delgado es agricultor de la zona baja de Charapotó y siempre ha vivido de lo que produzca la tierra.

Cuenta que la zona siempre ha sido productiva, todo nace, todo “verdea”. Agrega que para una buena cosecha el agua es primordial, por lo que con una bomba de impulsión lleva agua hasta sus cultivos.Esta misma suerte no la ha tenido el resto de agricultores de la zona.
“Miguel”, quien prefiere la reserva de su nombre por las deudas que mantiene al invertir en la siembra y no obtener buenos resultados, cuenta que su cosecha de arroz no ha sido buena los últimos dos años.
Desconoce qué influyó para que la tierra no dé frutos, lo único que recuerda es que el embanque de lodo producto del invierno del 2016 llegó hasta el terreno.
Él asegura que nunca ha hecho un estudio de suelo antes de sembrar.
Una hectárea le producía hasta 95 quintales, ahora no llega ni a las 80 de arroz. En algunas comunidades que se dedican a la siembra de maíz y verduras ocurre la misma situación. La planta está en buen estado, pero con poco producto.
Falta conocimiento. Antonio Ureta, agricultor de esta parroquia y representante del foro de Recursos Hídricos, explica que en algunas comunidades sí se han realizado estudios de suelo antes de cada siembra.
En ciertos sectores los resultados indicaron que el exceso de insumos agrícolas y fumigaciones sin una consultoría previa hizo perder los verdaderos nutrientes para poder cultivar arroz, maíz y otros productos.
El fruto es más pequeño, la hoja se quema y no crece apropiadamente, algo a lo que denominan “pasmarse”, dice el especialista en la agricultura.
Para Gilbert Cedeño, ingeniero agrónomo, un previo estudio de suelo es necesario durante cada siembra, para disminuir los costos de producción. “Hay tierras que cuentan con nutrientes y aplicar insumos hace que se inmovilicen los mismos”, manifiesta Cedeño.
Explica que también se gastaría innecesariamente en administrar estas dosis sin un análisis previo. “Es la base para definir la dosis de nutrientes a aplicar insumos”, agrega el especialista.
Cedeño recomienda tener cuidado con los herbicidas porque suelen ser residuales, es decir que quedan retenidos en las partículas del suelo y afectan a  futuros cultivos.
Estudios. El valor de cada estudio de suelo va desde los $25 hasta los $60. Esto según lo que se siembre, allí se analiza la fertilidad del suelo y nutrientes que requiere para una buena producción.
Carlos Luis Briones, quien se especializa en suelos, dice que en cultivos cortos el estudio se recomienda hacer cada año, mientras que para cultivos como la palma y plátano se lo debe hacer cada 5 años. Briones ha laborado con grupos de agricultores a nivel nacional y asegura que son pocos los que hacen estudios.

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