Los resultados de la investigación forense que se realiza al cuerpo del cóndor hembra que fue hallado el domingo pasado en el cerro El Morro, en la provincia de Cotopaxi, estarán listos en  una semana aproximadamente, asegura Fabricio Narváez, técnico de la Fundación Cóndor Andino.

Sin embargo, se presume que el ave murió hace tres semanas. Además, las primeras radiografías que se le hicieron al cadáver muestran la presencia de seis perdigones, uno de ellos alojado en el cráneo y otros cerca de órganos vitales.

“Algunos medios de comunicación están diciendo que los perdigones fueron la causa de la muerte, pero todavía no podemos confirmar que fue así. Debemos esperar los resultados. Lo que sí evidencia es la presión por cacería que es un efecto humano que está afectando a la especie», dice Narváez.

Además, señala que “en cautiverio tenemos cóndores vivos con varios perdigones alojados en el cuerpo. Los análisis finales nos darán indicios de las causas de la muerte”.

Otra de las posibilidades es que el ave fue envenenada. De diciembre del año pasado hasta mayo de 2019, la Fundación Cóndor Andino ha registrado cuatro casos de cóndores envenenados (tres muertos y uno que se pudo rehabilitar) en la provincia de Cotopaxi y es el segundo en el cerro El Morro.

“Esta provincia se ha convertido en un área de extrema presión para la especie y eso que es la tercera provincia en importancia respecto a la presencia de cóndores a nivel nacional”, señala Narváez.

Según el experto, el efecto de los procesos de envenamiento y cacería a esta especie serían mayores a los registrados: “Nosotros podemos documentar el 10% de lo que sería el porcentaje real de la mortalidad. Con las indagaciones que hemos ido realizando sabemos que, por ejemplo, en el caso de Ami murieron aproximadamente cuatro cóndores. En el caso de dos cóndores que pudieron ser rehabilitados tenemos la certeza que al menos ocho cóndores más fueron asesinados, pero fueron enterrados y ocultados”.

Afirma que las personas que dan las alertas de las muertes quieren evitar problemas con las comunidades de Cotopaxi: “Por eso no encontramos más cuerpos, los procesos de envenenamiento son masivos. En una carroña envenenada pueden llegar a comer hasta 30 cóndores. Esto es muy perjudicial para la especie”.

El envenenamiento de carroña no sería para matar a cóndores específicamente sino para combatir los grandes índices de perros asilvestrados que hay en esta provincia, dice Narváez.

“A pesar que esto pasa a lo largo de la cordillera de los Andes (presencia de perros asilvestrados), en Cotopaxi el índice es bastante alto y como se ha desarrollado mucho el tema de la ganadería los perros atacan al ganado. Varias comunidades se han contactado con nosotros para pedir asesoramiento porque ellos reconocen que la presencia de perros es un gran problema. Hay casos de envenenamiento que van dirigidos al cóndor, pero la gran mayoría es para controlar los perros ferales”, señala.

Personal de la Dirección Provincial de Ambiente también investiga el caso. Narváez presume que hasta el momento entre 15 y 20 cóndores han muerto en Cotopaxi.

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