Las exportaciones no petroleras proyectan un cierre de año con saldo positivo. No obstante, el aporte llegará de pocos productos tradicionales.

A tres semanas de que finalice el año, el cierre de las ventas internacionales de productos no petroleros se proyecta con un crecimiento que convence poco. El despunte para este año, calculado en un 4 %, se atribuye principalmente al protagonismo que en este 2019 siguió teniendo el camarón. Para la oferta no tradicional, han sido meses continuos de estancamiento y, en algunos casos, de retroceso.

Así lo proyectan las cifras de la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor), que vuelven a reflejar la baja dinámica que, en realidad, está teniendo este sector, afectado por una baja competitividad en el mercado internacional. Xavier Rosero, gerente técnico de la institución, cita los $ 10.031 millones que, hasta septiembre, se logró alcanzar en ventas no petroleras. De los productos más tradicionales, el camarón fue el de mejor desempeño, con un crecimiento del 20 %. No obstante, dice, si se excluye a este producto y al banano (con un crecimiento menor del 3 %), se desvela que las exportaciones vienen a un ritmo bastante desacelerado y en algunos casos, como las no tradicionales (enlatados, manufacturas de metal y extractos de aceite), entrando a terrenos negativos (-1 % hasta septiembre).

Bajo esta tendencia, las ventas no tradicionales no solo que no crecen, sino que siguen ahondando el desequilibrio de la canasta exportable, hoy dominada por el camarón y banano. “Seguimos dependiendo de la oferta de pocos productos tradicionales, a los que sobre todo no podemos fijar precios, porque se rigen bajo el mercado externo”, explica Nancy Celi, consultora de comercio internacional.

Las cifras hablan muy bien de esa dependencia, indica Celi. Según el Banco Central del Ecuador (BCE), hace una década las ventas de banano y camarón representaban el 32,4 % del total de la oferta exportable no petrolera. El año pasado, su participación se elevó a un 36,2 %. Y en lo que va del año, con el despunte del camarón, ese peso alcanzó el 47 %.

Eso, dice Celi, es el reflejo de la falta de una política comercial que apunte a la desconcentración. La idea, aclara, no es vender menos productos tradicionales, sino crear nueva oferta. Tal como en los últimos años lo ha venido haciendo Chile, que bajo la estrategia de innovar su producción e insertar a más empresas al campo de la internacionalización, ha logrado reducir su dependencia del cobre, de un 70 % a un 45 y 50 %.

Una clave fue trabajar en reducir costos productivos para llegar a ser más competitivos, una condición de la que hoy carece el sector exportador local. Sin eso, insiste Rosero, el país no puede revertir las condiciones de este escenario, que para el 2020 pinta ser aún más complicado. El desafío, sostiene, será enfocarse en precios y hacer que los productos sean más atractivos, en un año que, se prevé, tendrá un consumo global estancado.

Por ello, asegura, será necesario que a este sector se le garanticen políticas de apoyo. “Los temas laborales y tributarios serán clave. La devolución automática de impuestos, que ha sido planteada en la última reforma tributaria, por aprobarse, será medular”. Solo esa medida aliviaría entre un 3 y 3,5 % los costos que tienen las empresas.

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