Una de las bebidas más consumidas en el mundo es el café. Su origen aparente se halla en el continente africano por el siglo 13, específicamente en lo que fue Abisinia, hoy conocida como Etiopía, sin embargo no se puede precisar todavía de donde surgió este apetecido grano.

A través de los años, las técnicas de perfeccionamiento para refinar y consumir este producto fueron avanzando, inclusive hay personas (los baristas) quienes se especializan en la preparación de café, que con una serie de medidas y procedimientos buscan obtener la taza perfecta.

En Carchi, la producción de este grano también es un referente a nivel provincial, donde se cultiva una especie denominada ‘de altura’. Prepárese para deleitarse con el aroma, el gusto, la acidez y la tradición que se halla detrás del café carchense.

Café originario de Maldonado

La parroquia de Maldonado perteneciente al cantó Tulcán, se ubica entre una franja donde lo agreste, frío y exuberante del páramo se combina con el colorido, la humedad y el calor pertenecientes a una zona sub tropical. Y es precisamente todos estos factores climatológicos junto a los cuidados correspondientes que otorgan el distinguido sabor del café.

El responsable de producir este producto es Marcelo Meneses, quien consolidó la marca ‘Café Megf Golondrinas’, donde buscó constituir una granja integral destinada para el cultivo del café. A través de este espacio, Meneses indicó que se busca obtener nuevas variedad y actualmente disponen de las siguientes: típica, caturra, castillo… “La mayoría de estas plantas son plantas madres. A futuro tendremos semilla para poder hacer los cultivos en nuestra zona con las semillas propias de Maldonado”, añadió.

Expansión de mercado

Sobre los albores de su proyecto cafetero, Meneses indicó que aproximadamente hace 12 años nació la intención y paulatinamente fue descubriendo los mecanismos para hacer desarrollar las plantas y como una intención de crecimiento mercantil, busca exportar hacia otros países su café, donde mencionó que se hicieron varios acercamientos con otras naciones.

Tras unas breves explicaciones sobre los detalles del café, Marcelo Meneses se trasladó hacia donde se procesa su producto en una pequeña industria situada en Maldonado, la cual es propiedad de su hermano.

Una tarea no tan sencilla

“Para hacer un buen café hay varios proceso técnicos”, manifestó el lugareño, puntualizando que inicialmente se realiza en los granos una valoración física, posterior se realiza el lavado, secado, la extracción de muestras de laboratorio para el tueste y finalmente la catación del café es decir su valoración conforme a su sabor, aroma, cuerpo, acidez y otros aspectos.

Con ayuda de una máquina especializada, Meneses explicó que la misma permite sacar la piel del café obteniendo un producto endeble. Más adelante para poderlo tostar, se toma en consideración varios aspectos, esto a razón de que no todos los granos son iguales. “El tambor del tueste funciona por aire y por calor. Es necesario considerar el fuego y la temperatura para hacerlo”, agregó.

Especificaciones del producto

Finalizada la cadena de producción se procede al empaquetado de los granos tostados de café. Para ello el caficultor detalló que posee tres tipos: uno para el café gourmet, otro para el especial y uno para el mercado internacional.

La diferencia entre cada tipo de grano supo establecer que se considera en torno a puntuaciones, donde se califica el dulzor, la acidez, el aroma, el cuerpo… sobre 100 puntos y argumentó que un café de 80 a 85 puntos es considerado como gourmet. “Mi hermano realiza el proceso de probar el café. Lleva cerca de nueve años realizando esta actividad. Hay café que con verlos dice que no se necesitan tostar. Ya es la experiencia”, comentó.

¡A su salud!

Finalmente llegó el momento más esperado. Con el uso de una cafetera pequeña, tomó una muestra del café molido gourmet. El intenso aroma se podía sentir después que abrió el empaque contenedor del producto. En un lapso de dos minutos, un negro brebaje ya se podía distinguir, el cual lo colocó en una taza.

El caficultor daba instrucciones que para sentir más el sabor del café, se debía cerrar los ojos para agudizar los sentidos. Con un primer sorbo de café ‘cargado’ una explosión de sabor se podía sentir en la boca y las comisuras de los labios. Dicen que a un buen café no se le pone azúcar y la experiencia resultó verídica. En esa pequeña taza estaba sintetizado el trabajo, tiempo, esfuerzo, dedicación, estudio, pasión y técnica para elaborar un producto con marca 04.

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