El exceso de producción de plátanos en la provincia ecuatoriana de Guayas está pasándole factura a su comercialización. Los plataneros, incluso aquellos que tienen este cultivo asociado con otros, están percibiendo precios ínfimos por la fruta que, en muchos casos, está siendo abandonada en las plantaciones.

Ney Chávez, productor de plátano de Jujan, al igual que los productores de otros municipios de la provincia, como los de Simón Bolívar, Chilintomo, Babahoyo o Vinces, prefiere dejar el plátano en la propia finca. Se niega a recibir 0,75 dólares por racimo y hasta 1,25 por tres que le ofrecen los comercializadores.

Esta crisis de precios ha llevado a la formación de una mesa de trabajo entre productores, Ministerio de Agricultura, exportadores, casas comerciales, Agrocalidad, academia y gremios. “Estamos trabajando en una unión con gente experimentada y técnica para poder hacer una escuela de formación y llegar a las certificaciones que exige el mercado internacional”, señala María Auxiliadora Rodríguez, presidente de la Asociación de Productores de Plátano (Asoexpla).

El 60 % del plátano que se exporta va al mercado americano, pero se ha abierto el cono sur, cada vez toma más fuerza Chile. En Europa destacan España, Francia, Bélgica, Holanda e Inglaterra.

«La ley nos arrastra a esto»
Según Asoexpla, para exportar se debe requerir no solo empacadoras con instalaciones adecuadas, sino conocer el origen de las plantas que se siembran, cómo las sembró, si tienen riego, si se fertilizan, si le ponen fundas a los racimos y cintas para saber las edades.

El precio oficial de sustentación de la caja de plátano de exportación es de 7,31 dólares, pero “ahora se paga menos; estamos tratando de llegar a los productores para que tengan un mayor beneficio”, dice la presidenta de Asoexpla, María Auxiliadora Rodríguez. El pequeño productor ecuatoriano lo que hace es entregar la fruta al comercializador, porque le es más fácil; “no presenta facturas porque este no las tiene”.

“Lamentablemente estamos bajo la Ley del Banano; nos arrastraron allá y no deberíamos estar allí porque es un sector tan informal que el ministerio no lo tiene registrado”, señala.

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