CULTIVO. Los arroceros hacen dos siembras al año.

La gramínea producida en la zona costera se comercializaría como arroz del cantón lojano.

En la región fronteriza que comprende Macará y Zapotillo se siembran aproximadamente 2.000 hectáreas de arroz. Los agricultores hacen dos cosechas al año, lo que equivale a 300 quintales por hectárea. Entre los dos cantones, la cifra anual asciende a un promedio de 600.000 sacas de la gramínea.

Alfredo Suquilanda, alcalde de Macará, manifestó que el comentario emitido hace poco tiempo por el político ecuatoriano Jimmy Jairala estuvo fuera de contexto, ya que desmerecía la producción arrocera del cantón, por lo que dialogó con Jairala para que rectifique su postura.

El burgomaestre afirmó que la Centinela del Sur tiene una importante actividad agropecuaria y desmiente la información relacionada con el contrabando, puesto que el puente internacional entre ambos territorios está cerrado: “el arroz peruano cuesta más dentro del mismo país, además, los agricultores son subsidiados por el Estado, algo que no ocurre en Ecuador”, enfatizó.

Luis Pérez se dedica a la actividad arrocera en Macará por más de 25 años. Aseguró que hoy en día las ganancias han disminuido significativamente debido a diferentes factores, entre ellos, la adquisición de semillas.

Mencionó que hace algunos años contaban con el apoyo del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), quien les proveía con la semilla: “ahora tenemos que buscarlas en otras partes y probarlas entre nosotros para luego sembrar”, expuso.

Actualmente, Luis compra la semilla en el vecino país de Perú. Admitió que no siempre es de buena calidad, sin embargo, las tierras del cantón son fructíferas, lo que suma un punto a su favor. Los arroceros invierten un promedio de 3.000 dólares para cultivar una hectárea de la gramínea.

Considera que sería importante que las autoridades brinden más información y garanticen una semilla de buena calidad. A nivel nacional y mundial, el grano largo tiene mayor apertura en los mercados, lo que genera consumo a gran volumen.

El ciudadano señaló que para evitar pérdidas dialogan entre agricultores y comparten experiencias sobre las mejores alternativas a las que podrían recurrir antes, durante y después de la producción, ya que las instituciones y ministerios competentes no les asesoran durante el proceso.

Dijo que algunas procesadoras de Macará compran arroz en la costa ecuatoriana, con el objetivo de pilarlo y posteriormente comercializarlo a un valor más elevado que se sitúa entre 30 y 35 dólares por quintal, lo que afecta al precio del grano que es 100% cultivado dentro del cantón.

Una de las opciones que identifican para evitar la competencia desleal es que el Ministerio de Agricultura y Ganadería controle que el arroz que se vende con marca de Macará, sea originario de la localidad.

Por su parte, Irvin Luzuriaga, propietario de la Piladora “El Macareñito”, comentó que como productores les conviene que en la costa exista presión con respecto al precio del cereal, puesto que los agricultores de esta región definen el costo del grano a nivel nacional: “actualmente nos toca vender el arroz al valor que esté, ya que se necesita el dinero para una nueva siembra”, indicó.

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