El 87 por ciento de los 540 mil millones de dólares de ayuda al sector agrícola mundial distorsiona los precios y es perjudicial para el medio ambiente, afirmaron tres agencias especializadas de la ONU.

Una investigación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) reveló que la mayoría del apoyo destinado anualmente a la producción agropecuaria tiene un impacto negativo económico, sanitario y ambiental.

Ese respaldo beneficia a las grandes empresas frente a los pequeños agricultores, por lo que esos organismos llamaron a redirigir los recursos hacia la transformación de los sistemas alimentarios.

Según el documento, para 2030 los apoyos a la agricultura se triplicarían para llegar a los mil 759 billones (millón de millones) de dólares.

Las FAO, el PNUD y el Pnuma subrayaron que en 2020, unos 811 millones de personas sufrían hambre crónica y el 30 por ciento de la población del planeta, unos dos mil 370 millones, no tenía acceso a una alimentación adecuada. Además, unos tres mil millones no podían pagar una dieta saludable.

Para remediar esta situación, consideraron que, bien canalizados, esos apoyos ayudarían a acabar con la pobreza, erradicar el hambre, lograr la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición, promover la agricultura sostenible, fomentar el consumo y la producción, mitigar la crisis climática, restaurar la naturaleza, limitar la contaminación y reducir las desigualdades.

Añadieron que, si bien la mayor parte de la ayuda agrícola en la actualidad tiene efectos negativos, alrededor de 110 mil millones de dólares contribuyen a la infraestructura, la investigación y el desarrollo, y benefician el sector de la alimentación y la agricultura en general, por lo que llamaron a aumentar las asignaciones a esas áreas.

Las ayudas mal aplicadas pueden obstaculizar el desarrollo de un mercado sostenible, desencadenar alzas de precios a escala global e incentivar producciones que generen grandes emisiones, además de reducir la disponibilidad y asequibilidad de alimentos más nutritivos, sobre todo para los consumidores más pobres.

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