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Muchos no sabrán que, en Estados Unidos, el calor extremo mata a más personas cada año que las inundaciones, los huracanes y los tornados. Cada año, se producen una media de 702 muertes relacionadas con el calor. Los trabajadores agrícolas tienen 20 veces más probabilidades que otros trabajadores al aire libre de morir a causa del calor extremo que ha afectado a gran parte del país; los latinos suponen en torno al 75% de los trabajadores agrícolas.

Según un estudio del Adrienne-Arsht Rockefeller Foundation Resilience Center, de media, un trabajador latino tiene más probabilidades de sufrir entre 40 y 45 días de temperaturas máximas superiores a 32 grados centígrados. Los trabajadores blancos están expuestos a temperaturas altas aproximadamente 25-30 días al año.

En total, los latinos conforman el 32,2% de los trabajadores de la construcción y el 43,4% de los trabajadores de la agricultura, silvicultura, pesca y caza, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos. Puesto que los latinos suponen una gran parte de la población que trabaja al aire libre, están «desproporcionadamente expuestos» al calor extremo en comparación con la población general.

Actualmente, el Gobierno federal no tiene ninguna normativa de seguridad frente al calor para proteger a quienes trabajan al aire libre. En su lugar, el Departamento de Trabajo asigna esa responsabilidad a los empleadores. Pero sin la aplicación de una normativa, los empleadores no tienen ninguna directriz concreta sobre cómo abordar el calor extremo, según Rachel Licker, científica climática principal en UCS.

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