Del Valle Lojano es una empresa dedicada a la elaboración y distribución de productos de consumo que hace pocos días hizo su primera exportación a Europa. Foto Cortesía.

Desde el 2004, el expiloto de la FAE «vuela» en la entrega de humitas, quimbolitos y pulpa de fruta.

Cuando para muchas personas el desempleo se constituye en un trauma familiar, por las preocupaciones y la angustia que representa quedarse sin trabajo, para David Sigüencia, aviador retirado de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), se convirtió en el comienzo de una historia de éxito familiar llamada Del Valle Lojano, una empresa dedicada a la elaboración y distribución de productos de consumo que hace pocos días hizo su primera exportación a Europa.

La compañía, cuenta Sigüencia, envió el primer contenedor de humitas a España, un sueño que cumplió luego de 17 años en el mercado ecuatoriano. “Y nuestro próximo mercado será Italia, porque los ecuatorianos allá también piden nuestros productos, y es por eso que en los empaques las indicaciones están en español, inglés e italiano…”.

Sigüencia rememora que a la edad de 32 años, con el rango de capitán, decidió renunciar a una vida militar de once años por la promesa de trabajar como piloto de una compañía aérea. Pero esa oferta laboral no se concretó y no podía dar marcha atrás, y al igual que su esposa, Patricia Gómez, pasó a la lista de desempleados en el país.

“Mis padres estaban atravesando una situación muy difícil, mis suegros igual; nadie podía ayudarnos en la familia, a tal punto de que recogíamos los centavitos del cofre donde reuníamos para comprar el tanque de gas…”, cuenta Sigüencia.

Añade que la idea de hacer humitas surgió de su suegro como una medida desesperada. “Pero me dijo que las hagamos con el choclo de Loja, de donde es él, y yo le dije bueno, mándeme nomás; no había otra opción. Empezamos con el molino de mano, artesanalmente, en la cocina, y comenzamos a golpear puertas de amigos y familiares, de restaurantes y cafeterías; nos compraban cuatro o cinco humitas, a la semana vendíamos unas cincuenta humitas”, recuerda.

El negocio comenzó a dar un giro positivo cuando una cafetería, propiedad de un suizo, decidió apostar por el producto y pidió 50 unidades. “Él las probó y me dijo que trajera 50; al día siguiente me dijo que las humitas se vendieron muy bien y me dijo ‘tráeme 80’; al siguiente día, 100; en esa semana vendimos 400 humitas y saltábamos de la emoción, y supimos que esa era la salvación a nuestra desesperación y desempleo…”.

A partir de entonces, sostiene Sigüencia, las ventas se incrementaron, pero la cima del éxito la conocieron cuando decidieron tocar la puerta de una cadena de supermercados con presencia a nivel nacional. “Después de insistir casi un año, de mostrar que nuestro producto era de buena calidad, que tenía todos los registros, nos aceptaron, entonces pasamos de producir 500 humitas a la semana a producir 5.000 solo para ellos…”.

Del Valle Lojano también vende sus productos en una cadena de supermercados local. Foto Cortesía

Recuerda que se trató de un gran reto porque no contaban con la maquinaria apropiada y debían quedarse trabajando hasta la madrugada, con la ayuda de sus padres. Lo que nunca han dejado de hacer, dice el capitán en servicio pasivo, es proveer el producto a los restaurantes y a los pequeños clientes. “Con ellos nacimos y somos muy gratos, la persona que nos llama la atendemos con todo gusto, lo único diferente es que hacemos bajo pedido.

Actualmente, Del Valle Lojano produce también quimbolitos, mote, yuca y pulpas de fruta. Sus productos también llegan a Estados Unidos con la marca Mama Tere, perteneciente a otra compañía que los contactó para que maquilen para ellos. “Pero queríamos nosotros ser los exportadores y hace dos años y medio surgió la oportunidad de trabajo como piloto en España, de un avión corporativo, y le dije a mi esposa que las condiciones se estaban dando y que podíamos ser productores, exportadores, importadores y distribuidores de nuestro propio producto…”.

David Sigüencia señala que se mudaron a España, donde crearon una compañía para importar sus productos desde Ecuador, ahora con la marca Delicias de mi Tierra, con el objetivo de cautivar a todos los migrantes latinoamericanos. “Hemos podido cerrar un poco el círculo, no dependemos de nadie por ahora, que se van a sumar gente, por supuesto, porque nosotros no vamos a alcanzar a distribuir por nuestros propios medios, tenemos que hacer alianzas estratégicas con distribuidores en Europa…”.

Sigüencia reconoce que su esposa es la que está 100 % dedicada a la empresa, sus dos hijos menores de edad alternan los estudios con pequeñas responsabilidades en el negocio, mientras que él cumple, de forma paralela, su responsabilidad de volar un avión Fokker F-28, así como la de “volar” cuando le toca entregar las humitas.

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