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Según el último informe anual de la producción ecológica en España llevado a cabo por Ecovalia, en 2019 se dedicaron a dicha producción 72.285.656 de hectáreas en todo el mundo, lo que supuso un crecimiento del 1,6% en relación al año anterior. De ese total, Australia cuenta con casi 36 millones de hectáreas dedicadas a estos productos seguida de lejos por Argentina con 3,67 millones de hectáreas y España con 2,35 millones. En Europa, sin embargo, España es líder, seguida de cerca por Francia, con 2,4 millones de hectáreas, e Italia, con casi dos millones.

Es un mercado que mueve en el mundo 106.000 millones de euros acaparando el 42% Estados Unidos, seguido de Alemania y Francia, ambas con un 11%. El valor que genera en España representa solo el 2% a nivel global. Para que nuestro país aumente este tipo de producción van a ser necesarias dos cosas. «Una, la más importante a nivel de consumo, es comunicar qué son los productos ecológicos, porque desde hace cinco años no tenemos ninguna campaña que promocione este tipo de alimentos desde las instituciones públicas, tanto regionales como nacionales. Y esto es algo que hay que cambiar. Hay que promocionar el consumo de los productos ecológicos para ponernos en la media de Europa», explica Álvaro Barrera, presidente de Ecovalia.

Un asunto que el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) trata de dar la vuelta, con una recién estrenada campaña para potenciar dicho consumo. Y, a nivel de producción, se deben homogeneizar los criterios de las comunidades autónomas, que estrangulan a los productores ecológicos por sus dificultades atendiendo a cada autoridad competente. «Debemos unificar esto y es tarea del Ministerio que coordinemos, homogenicemos y estandaricemos la aplicación del único reglamento de producción ecológica en España», puntualiza.

La producción ecológica tiene múltiples beneficios. Normalmente se ven en el ámbito medioambiental, de la salud o englobada en agricultura, pero realmente es transversal. «Da beneficios a la economía porque tenemos un valor añadido; beneficios a la salud porque aportamos este factor a las personas; beneficios al medio ambiente porque estamos capturando más CO2. Además, también hablamos de vertebración del territorio y territorio rural. Y también trabajo, con un 30% más», resume Barrera.

Es además un sistema sostenible en 360 grados. Lo es medioambientalmente, «ya que estamos produciendo sin contaminar acuíferos, sin salinizar suelos y no hipotecamos suelo a futuro. Es decir, estos suelos seguirán siendo fértiles y útiles pasado el tiempo». Es sostenible también porque, gracias a los avances científicos y tecnológicos, tienen «un sistema con unos niveles de producción similares al convencional gracias al conocimiento», dice el experto. Y es sostenible porque ofrece desarrollo medioambiental y económico para el productor –agricultor o ganadero– «que utiliza este sistema de producción», añade.

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