De acuerdo con el gerente de Petroecuador, Ítalo Cedeño, Petroecuador impulsará ventas de crudo también por el puerto de Punta Gorda, que permite ingreso de barcos de mayor calado y por tanto bajar costos por volumen en el transporte Foto: Petroecuador

Un informe de Petroecuador ratifica los perjuicios que generan esos contratos de largo plazo. Aún restan por entregar 156 millones de barriles.

La renegociación de contratos petroleros sería uno de los retos más desafiantes que tendría el presidente Guillermo Lasso, en su próxima visita a China prevista para los primeros días de febrero. Aunque Ecuador firmó con China, entre 2009 y 2016, al menos 13 contratos de venta de crudo asociados a líneas de crédito con estatales asiáticas, que han representado hasta la fecha la entrega de 1.174 millones de barriles, aún quedan por entregar 156 millones de barriles por entregar hasta 2024.

Para entender su dimensión es el equivalente a un poco más de la exportación total de crudo que realiza el Ecuador en un año.

Sin embargo, las condiciones de pago del crudo para este tipo de contratos resultan perjudiciales para el país. Al menos así lo ratifica un informe de Petroecuador dirigido al presidente Guillermo Lasso, al que este Diario tuvo acceso, y que indica que tras hacer una serie de comparaciones con los precios del crudo en venta spot versus el precio de los contratos a largo plazo con las empresas asiáticas, hay un perjuicio de $ 3,69 por barril para crudo Oriente, y $ 3,61 por barril para crudo Napo.

El gerente de Petroecuador, Ítalo Cedeño, ya comentó esta misma semana en su primera rueda de prensa la estrategia de comercio internacional en su gestión. Lo que buscará es revalorizar el crudo ecuatoriano y esto, considera, se lo podrá hacer manteniendo de manera periódica las ventas spot. Esto significa cumplir con el 10 % anual de crudo a las ventas spot, lo cual garantiza que se considere el verdadero diferencial con respecto al WTI: “Vamos a hacerlo con crudo Oriente y con el Napo”, dijo. También aseguró que se fomentará el uso de los terminales de Balao y Punta Gorda (OCP). Esto último permite la utilización de barcos de gran calado que, a su vez reduce, por volumen, los costos de transporte. La idea es que el crudo ecuatoriano que es apetecido por las refinerías de alta conversión a nivel mundial, sea reconocido por su exacto valor de mercado.

Adicionalmente aseguró que se cumplirán los contratos de largo plazo y agregó que si hay algún problema en esos contratos, los solucionaremos, y si hubo alguna corrupción será la justicia la que dirima. “Si hay culpables deberán pagar una pena”, dijo, a la par que aseguró no “no van a proteger a nadie”. Habló también de renegociar los contratos para alcanzar el mejor beneficio del Estado.

Es que de acuerdo con el informe citado, el precio final del barril para estos contratos está fijado por una fórmula que determina un “precio del crudo muy inferior al del mercado”. Este, junto a la condición de “libre destino” del crudo ha facilitado la reventa a empresas intermediarias como Gunvor, Core Petroleum, Taurus Castor y Ursa Shipping.

Además, considerando que el 80 % del crudo ecuatoriano es destinado al cumplimiento de los contratos con las empresas asiáticas, bajo una fórmula que genera un precio inferior al del mercado, también se afecta el mercado regional, pues se lo está comercializando a un precio menor al que realmente vale. Los precios de los fletes afectan también.

Entre las recomendaciones que hace Petroecuador al presidente Lasso está justamente el realizar contratos modificatorios en los que se considere para los volúmenes pendientes de entrega de entre 2022 y 2024 el precio acorde al WTI menos el diferencial de procesos spot. Al momento están vigentes cuatro contratos hasta 2024 (dos con Petrochincha, uno con Unipec y un cuarto con PTT que es una empresa tailandesa).

Esta reformulación significaría un ingreso adicional para el Estado de $ 500 millones. A la par que significaría eliminar la intermediación, fortalecer la transparencia y recuperar el crudo ecuatoriano en el mercado regional.

El ex ministro de Energía Fernando Santos consideró que en cuanto al tema petrolero sería viable que Ecuador pida que reconozcan un pago por el crudo, similar al que paga la empresa Shell y que está basado en el WTI y el indicador Platts y que incluso fija un premio. Coincide en que la fórmula establecida en los contratos con China perjudica al país.

Sin embargo, considera que con China habría otro problema delicado que tratar y es el riesgo que corre la Central Coca Codo Sinclair. Una salida posible, dice Santos, sería que puesto que la empresa constructora asegura que la central está bien construida, se proponga entregarla a sus constructores y que ellos a su vez devuelvan el valor invertido con una reducción por el tiempo utilizado.

Entre tanto, José Orellana, asesor empresarial, considera que puede haber un espacio para la negociación con China, pero se muestra un poco cauteloso sobre el posible éxito de la misma, con respecto a los contratos petroleros. Asegura que en cuanto a las deudas y los contratos petroleros hay que tener en cuenta, por un lado la deuda de las preventas petroleras que ya están prácticamente cubiertas, pero en las que aún persisten los compromisos comerciales de entregar crudo. Por el otro lado está la deuda de créditos para proyectos, que llegaría a más de $ 5.000 millones.

Para Orellana, los créditos en proyectos podrían tener mayor aceptación en el Gobierno chino para alargar plazos y bajar tasas. En cambio, el tema de los compromisos petroleros sería un tanto más difícil, esto porque ya en la administración del exministro Carlos Pérez García ya se hizo una renegociación de contratos.

En todo caso, considera que Ecuador podría tener una suerte de “zanahoria” o incentivo para la negociación que sería un posible acuerdo comercial, con China, lo cual le resulta atractivo al país asiático. Otro tema que podría ser de interés de las empresas chinas, es ser actores en varios contratos de participación, ahora que se licitarán al menos 22 campos a la empresa privada. Considera que las empresas chinas mostrarán mayor interés que empresas o europeas o norteamericanas, que están en la línea de ir hacia energías más limpias.

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