El Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) tiene un banco en la estación Santa Catalina. Foto: Archivo / EL COMERCIO

A través de un marbete seguro, que incorpora tecnología, las empresas productoras y comercializadoras de semillas en el país buscan reducir la piratería y adulteración de las mismas. Esta problemática no es nueva para el sector; sin embargo sí se ha incrementado en los últimos años, destaca Carlos Cadavid, presidente de la Asociación Ecuatoriana de Semillas (EcuaSem).

El maíz y arroz son los productos más vulnerables. Según el gremio, un 30% de las semillas de maíz tiene un origen ilegal. Mientras para el arroz se estima que es mayor. “En este caso ingresa mucha semilla ilegalmente por las fronteras y también los agricultores, en vez de comprar insumo certificado, reciclan su misma semilla o la venden”, cuenta Cadavid.

El uso de producto ilegal tiene perjuicios en la producción, en el ambiente y en la economía, recalca Rodrigo Gómez de la Torre, analista agropecuario. Entre sus perjuicios están la contaminación de suelos, la proliferación de plagas y cultivos de bajo rendimiento. El Ministerio de Agricultura (MAG) explica, por ejemplo, que un agricultor invierte en un cultivo de maíz esperando rendimientos de 200 quintales por hectáreas y el resultado con la semilla pirata es que en muchos casos no sobrepasan los 60 quintales. Esto le genera perjuicios económicos.

¿Cómo funciona la tecnología?

Más del 90% de semillas que se venden y usan son importadas, cuenta Adriana Banderas, directora ejecutiva de Ecuasem. En el caso de las de maíz, provienen de México, Tailandia , Brasil y Colombia. Cuando estas ingresan al país, Agrocalidad toma muestras y las somete a una prueba de calidad en sus laboratorios. Si la variedad cumple con los estándares mínimos exigidos por la ley, Agrocalidad pasa un informe de visto bueno al MAG . Esta información se comparte a la empresa comercializadora para que la imprima en los marbetes que se colocan en cada empaque de semillas.

Ahora se desea fortalecer ese sello de seguridad, explica Cadavid. Para ello se aplicará tecnología de protección de marca. La solución planteada combina seguridad física y digital. Por ejemplo, incluye características visibles, como un holograma que cambia de color o de imagen al girarlo. También tendrá microperforaciones en la impresión con tintas de seguridad, difíciles de falsificar.

De esta forma, “cuando el agricultor intenta despegar el marbete, automáticamente se rompe. Entonces no da pie para que vuelvan a utilizarlo en otro tipo de empaque”, explica Cadavid. En cuanto a la tecnología, el marbete tendrá un código QR seguro. Este brindará una identidad digital a cada producto para efectos de verificación en tiempo real, que se podrá conocer por la web o a través de una aplicación específica.

Además de validar el código, permitirá acceder a información técnica, recomendaciones de manejo del cultivo y demás. Esta nueva alternativa facilitará la autenticación rápida de los productos, validando su origen lícito y protegiendo la integridad de su cadena de suministro, dice Cadavid.

Acuerdos de implementación

Para ello, el gremio ha firmado un convenio con Sicpa, una empresa tecnológica, para que el proceso de marbete seguro arranque durante el próximo mes. Gómez de la Torre comenta que esta iniciativa será de gran ayuda, sobre todo para los agricultores que actualmente exportan sus productos y podrán garantizar calidad cantidad para seguir incrementando los envíos.

Además, agrega que es importante que estas acciones se fortalezcan desde la academia. “El Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap) debe validar de forma más ágil las semillas y el material genético para desarrollo nacional. Ahí tenemos una deuda pendiente”, dice el experto. A esto se deben sumar los controles en el contrabando de semillas, que se venden de forma clandestina o Internet, dice Cadavid.

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