Anita Criollo corta las hojas de una mata de cannabis del tipo cherry oregon y deja la flor y solo unas pocas hojas alrededor, para evitar el estrés de la planta. La coloca en una tierra rica en nutrientes y abonada con un enraizador para que este esqueje pueda convertirse en una nueva planta.

Anita Criollo corta las hojas de una mata de cannabis del tipo cherry oregon y deja la flor y solo unas pocas hojas alrededor, para evitar el estrés de la planta. La coloca en una tierra rica en nutrientes y abonada con un enraizador para que este esqueje pueda convertirse en una nueva planta. Ella, ingeniera agrónoma, encargada del área de fitomejoramiento de producción de cannabis medicinal en la empresa Cannandes, conoce y explica los procesos técnicos de propagación de los cultivos, tanto a través de las semillas como de esquejes.

Junto a un equipo de al menos 14 personas lleva adelante el proceso de cultivo y producción del cannabis medicinal en esta finca, ubicada en el cantón Pedro Moncayo, de la provincia de Pichincha. Ellos se encargan del riego, de colocar fertilizantes, del monitoreo de plagas y enfermedades, labores culturales, levantamiento de tierras y oxigenación, entre otros. Otro grupo de personas cosechan, secan, prensan, obtienen en CBD y elaboran productos finales: goteros, té, cosméticos… Parte de la cosecha también va a secado para venderlo en forma de cogollo (flor) o de biomasa (casi polvo) a consumidores de materia prima que a su vez elaborarán otros productos medicinales.

Cannandes ya ha exportado a Suiza y está en negociaciones para llegar al mercado estadounidense. Es parte del grupo Boutique Flowers, con 25 años en el mercado floricultor, pero que desde hace tres años decidió incursionar también en el tema del cannabis. Ahora ambas empresas comparten predio, pero la flor ocupa 8 hectáreas, mientras el cannabis aún solo una hectárea.

Entre tanto, en el cantón Rumiñahui, en el área de Cotogchoa (también en Pichincha), se encuentra el invernadero de 1.300 metros de CBD Solutions, Cannabis no Psicoactivo, bajo el cuidado riguroso de Héctor Mora, su gerente. En la finca, él se encarga del proceso de cultivo de plantas tipo cherry bubblegum y taita.

CBD Solutions nació y se fortaleció, según cuenta Mora, gracias a la ayuda de su abuela Esther, quien siempre promocionó el ungüento de cannabis para los dolores musculares y articulares. Esta empresa, que es familiar, a más del llevar adelante sus variedades exclusivas, también trabaja en el área del turismo y la educación, por eso recibe a visitantes con una kombucha (bebida fermentada con CBD) y no faltan los tés, chocolates, e incluso cigarrillos de CBD. Todos productos legales y con los debidos registros sanitarios.

Mora cuenta que actualmente están negociando ingresar al mercado europeo y de EE. UU. Por lo pronto proveen a diferentes clientes que también elaboran diversos productos.

Ambas fincas, Cannandes y CBD Solutions, hacen parte de un movimiento en franco crecimiento de la industria que incluye las fincas, procesos de elaboración de producto terminado y que se extiende a tiendas, restaurantes y hasta farmacias fitoterapéuticas. El mercado del cannabis se viene abriendo camino con paso firme en Ecuador desde el 2019 cuando se despenalizó el consumo de la planta con fines medicinales.

Ambas fincas cuentan con las licencias obligatorias que entrega el Ministerio de Agricultura, y aseguran que sus productos cumplen con los estándares de no ser piscoactivas al tener menos del 1 % de THC (tetrahidrocannabinol, que es el compuesto psicoactivo de la planta), según la normativa ecuatoriana.

En las fincas, las 12 horas diarias de luz que pueden recibir las plantas de cannabis medicinal en el área ecuatorial del planeta son un plus en esta industria naciente en el país. Es que la producción de esta planta verde y de hojas dentadas y aserradas, que actualmente está legalizada para fines medicinales, requiere de extensas jornadas de luz (al menos 18 horas) para cumplir su proceso vegetativo y luego pasar el de floración.

Así, con esta buena característica geográfica, que no está marcada por estaciones climáticas, el número de fincas ha crecido. Mientras en 2021 existían 34 fincas con licencia ahora ya alcanzan 160 licenciatarias. De estas el 60 % están en Pichincha, el 35 % en Guayas y Manabí y el restante 5 % en las otras provincias del país, según los datos de la Asociación Ecuatoriana de Industrias de Cannabis (Asecanna).

Lizbeth Fajardo, presidenta de la Asociación, cuenta que las cifras dan cuenta de una industria en crecimiento. También hay líneas de productos que se están elaborando en fábricas o en laboratorios y de estos existen 250 productos con registro sanitario, entre alimentos, bebidas, suplementos cosméticos. Adicionalmente, en el país existen tres tiendas de productos de cannabis y solo una farmacia, en la que se desarrollas recetas magistrales para diversas enfermedades. Hasta hay restaurantes temáticos, que se concentran en productos de cannabis, dice.

El gremio trabaja constantemente en la innovación y mejora de estándares para que así en algún momento se pueda crecer en la industrialización. Por lo pronto ya se piensa en la creación de la ruta del cannabis, que consiste en la visita a fincas, pero también al museo del cannabis, y otros procesos de socialización de las bondades de la planta en el área medicinal. Es que el cannabis, según las investigaciones puede regular el sistema endocannabinoide del ser humano, que regula temas clave de la vida como el apetito, la memoria, la reacción al dolor, el humor, el metabolismo, entre otros.

Las inversiones en este mercado también han ido creciendo. Hasta el momento se han registrado inversiones por $ 25 millones, pero hay programas de inversión, reportados por el Ministerio de la Producción por $ 63 millones a futuro.

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