Recorrido por sembríos de arroz en Guayas. Foto: Peter Tavra Franco

El amarillo y el verde se mezclan y matizan el campo en Daule, Salitre y otros cantones de la provincia del Guayas. El amarillo de los maduros arrozales que atraen a los agricultores para que cosechen lo que hace unos tres meses el alargado invierno les dio tregua de sembrar y el verde intenso de los pequeños surcos que clavan en sus enlodadas tierras con nada más que la fe de que a inicios de enero salga otra cosecha y no la pierdan con la llegada de El Niño del que tanto se habla, pero todavía no ven.

“La gente está sembrando bastante, se arriesgan, si nos coge fuerte -el invierno- y si se pierde qué le vamos a hacer, la gente está sembrando porque con la primera cogida en diciembre pagan sus deudas, de ahí ya no se siembra hasta junio después del invierno”, dice Armando Salazar, de 44 años, en su natal Junquillal, en el cantón Salitre. Recuerda el peor fenómeno de El Niño de hace 26 años cuando tenía 18 años y el agua se llevó todo lo sembrado.

“Se inundó todo, el agua nos cubría la cabeza, como todo acá es poza honda”, cuenta el agricultor que, esperanzado, cree que este Niño no será igual y les permitirá seguir trabajando.

La esperanza es lo único que Armando no tiene permitido perder, pues la cosecha que calcula para fin de año le servirá para seguir pagando un crédito de $ 10.000 que sacó en 2022 en una cooperativa de ahorro y crédito de Daule. Debe cancelar por lo menos $ 2.500 cada seis meses para mantenerse en el plan de pago.

Los agricultores no paran pese a los anuncios de la llegada del fenómeno de El Niño. Foto: Peter Tavra Franco

En Daule, Raúl Macías mete las manos en el lodo para sembrar los surcos de arroz que espera cosechar en tres meses. Al igual que el resto de agricultores de la zona, él se arriesga pues no le queda de otra, aunque también recuerda la última corriente de El Niño: tenía 27 años y vio cómo todos los sembríos se perdieron. Como Salazar, para Macías sembrar en estos momentos es un acto de fe, no sabe si perderá, lo más seguro es que sí, pero no pude dejar de sembrar.

Según un estudio de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), basado en cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en 1998 los cultivos más afectados en Ecuador fueron los de caña de azúcar, banano, café, cacao, maíz duro y arroz. La superficie de los principales cultivos afectados fue de 603.306 hectáreas y el 55 % correspondió al arroz y maíz duro. La mayor cantidad de áreas arroceras afectadas se registró en Los Ríos, y de maíz duro en Manabí.
Sin embargo, para el presidente de la Corporación Nacional de Organizaciones de Productores Arroceros (Corpnoarroz), Javier Ronquillo, lo único que hasta ahora y desde hace cuatro meses se ve de El Niño son anuncios y noticias alarmantes que generan temor e incertidumbre en los productores. “Si no hubiésemos sembrado por ese anuncio de alguien que le conviene decir que en pleno verano va a llover mucho, entonces no estuviésemos cosechando en este momento más de 150.000 hectáreas que se han sembrado y se siembran todos los años tanto en Guayas como Manabí, El Oro, Los Ríos, ahora se está sembrando también en Esmeraldas y parte de Loja”.
Según cifras de la última ficha sectorial del arroz de la Corporación Financiera Nacional (CFN), publicada en marzo del 2023 con base en información de la Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria continua (Espac) del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el 93 % de la producción de arroz se concentra en la provincia del Guayas (63 %) y Los Ríos (30 %).

Guayas cuenta con cerca de 204.650 hectáreas, Los Ríos con 103.620 y le siguen Loja (14.390), Manabí (11.290), El Oro (2.360) y el resto del país, incluido Esmeraldas (3.970). Además, el volumen de crédito destinado al sector de cultivo de arroz en el 2022 fue de $ 104,7 millones, inferior en 18 % respecto al 2021, de los cuales el 97 % provino de los bancos privados.

¿Habrá o no suficiente arroz cuando llegue el 2024?

Ronquillo asegura que hay suficiente arroz sembrado en el país que se va a cosechar, aunque de todas maneras abre el paraguas. “Claro está, si hay un fenómeno como se anuncia, que es un fenómeno catastrófico que va a haber lluvias, lluvias y lluvias, es lógico que hasta en la zona alta corren riesgo los arroces de caerse, pero es un anuncio de algo que todavía no se está dando y mientras no se esté dando no creo que haya necesidad (de importar) porque esta cosecha nos dura por lo menos cuatro meses después del próximo año”, asegura el dirigente.

Se refiere a las importaciones que inició el sector industrial en septiembre pasado y que hasta diciembre espera la llegada de 15.000 toneladas de arroz pilado desde Uruguay y unas 48.000 toneladas de arroz en cáscara, posiblemente desde Estados Unidos.

La importación de arroz es otro dilema que preocupa a los arroceros en el campo y que se relaciona con si habrá o no arroz suficiente a inicios del 2024. Hay opiniones divididas:

  • Raúl Salavarría, en el recinto La 26 del cantón Daule, asegura que el arroz sí va a alcanzar. “Para qué van a traer si ese arroz hasta perjudica, aquí los que se llenan son los dueños de piladoras, nosotros salimos en contra. ¿Qué es lo que hacen? El arroz que viene de allá lo compran ellos, los dueños de piladoras, vienen, lo entreveran aquí y a nosotros nos bajan el precio, la ganancia es para ellos”, afirma el agricultor que lleva seis años sembrando arroz, antes era bananero.
  • Javier Rodríguez, otro arrocero de La 26, también confía en que el arroz alcanzará, aunque reconoce que la cosecha de este año no ha sido como la de años anteriores que salió junta. Por el invierno que se alargó, este año la cosecha está saliendo de a poco, pues los agricultores comenzaron a sembrar en fechas diferentes. Sobre El Niño y las nuevas siembras dice que seguirán “de todas maneras, solamente Dios lo sabe”.
  • Jonathan Olvera, un agricultor de Junquillal, advierte que “para enero, febrero y marzo del 2024 va a haber una escasez de arroz por El Niño. La gente se está arriesgando a sembrar ahorita”. Pero lo hacen con un mayor costo.

Sembrar arroz ahora es 30 % más caro

Por ejemplo, Salavarría asegura que en 2021 invertía un promedio de $ 800 por hectárea, mientras que en este año invierte hasta $ 1.200, tomando en cuenta que él pone la mano de obra. Asimismo, Rodríguez afirma que ahora gasta entre $ 1.200 y $ 1.500 por hectárea cuando antes empleaba $ 900. “Los fertilizantes han subido, hay más plagas y hay que fumigar más seguido, antes fumigábamos cuatro veces y ahora hasta siete veces”.

Al respecto, el presidente de Corpnoarroz cree que los cálculos que hacen los agricultores son por cuadras, que es la medida más utilizada en el campo, y no por hectárea, pues asegura que por hectárea los costos son mucho más mayores.

Señala que antes de que suba la urea se invertía de $ 1.100 a $ 1.200 por hectárea. “Normalmente los costos de $ 1.100, $ 1.200 y hasta $ 1.300 en 2021 estaban arrojando 6,5 toneladas por hectárea o hasta 7 toneladas; en 2022, cuando subieron los fertilizantes el 400 %, hizo que la inversión subiera el 30 % adicional, entre $ 1.600 y $ 1.700, para poder alcanzar una cosecha de 70 sacas por hectárea que son 7 toneladas, la inversión en el campo depende mucho de lo que vaya a coger”, dice Ronquillo. (I)

 

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