La escalada bélica en torno al estrecho de Ormuz vuelve a poner sobre la mesa hasta qué punto la geopolítica internacional puede trasladarse con rapidez al bolsillo del consumidor. La Asociación de Fabricantes de Piensos de Cataluña (ASFAC) ha advertido de que la tensión en esta zona estratégica ya está presionando la cadena de producción alimentaria y podría traducirse en un encarecimiento progresivo de productos básicos como la carne, la leche y los huevos.
El motivo principal es el papel clave que desempeña el estrecho de Ormuz en el comercio global. Según la patronal, por este corredor transita alrededor del 20% del petróleo mundial y un tercio de los fertilizantes sintéticos, de modo que cualquier alteración logística o comercial desencadena un efecto dominó sobre la energía, los insumos agrarios y, finalmente, los costes de producción ganadera.
Subidas previstas en cereales, soja y aminoácidos
ASFAC alerta de que el impacto ya no es una hipótesis lejana, sino una presión económica que empieza a materializarse en distintas partidas esenciales para la fabricación de piensos. La organización prevé un aumento inmediato del 10% en los costes logísticos, al tiempo que proyecta incrementos de hasta 20 euros por tonelada en los cereales entre abril y mayo. A ello se suma la soja, una materia prima estratégica de la que España depende en un 90% a 95%, y cuyo precio podría alcanzar los 500 euros por tonelada el próximo mes.
A este contexto se añade el encarecimiento de componentes críticos para la nutrición animal, como la metionina y otros aminoácidos esenciales, que ya registran subidas de entre el 30% y el 50%. Para el sector, esta combinación de energía más cara, materias primas tensionadas e insumos nutricionales al alza dibuja un escenario especialmente complejo para las explotaciones ganaderas y la industria de alimentación animal.
- Carme Soler, directora de ASFAC, resume así la gravedad del momento: el coste de alimentar a un animal se ha disparado y, al tratarse del primer eslabón de la cadena, ese incremento terminará trasladándose inevitablemente al consumidor final en el supermercado. La advertencia pone el foco en una realidad conocida por el sector: cuando sube el precio del pienso, se resiente la competitividad de las granjas y se tensionan los precios de los alimentos básicos de origen animal.
Cataluña, epicentro de la producción de piensos en España
La preocupación es especialmente relevante en Cataluña, comunidad que concentra una parte decisiva de esta actividad industrial. ASFAC recuerda que la región produce 7 millones de toneladas de pienso al año, lo que representa el 25% del total nacional. Además, la asociación señala que su facturación equivale al 31,9% del sector español, lo que refuerza su peso estratégico dentro de la cadena alimentaria.
Este liderazgo convierte a Cataluña en un territorio particularmente expuesto a las oscilaciones de los mercados internacionales de materias primas. En un entorno tan dependiente de importaciones como el actual, cualquier interrupción o encarecimiento sostenido del flujo de grano, soja o fertilizantes puede tener efectos inmediatos sobre la viabilidad económica del sector.
Ayudas del Gobierno para aliviar la presión sobre el sector agrario
Ante este escenario, ASFAC ha valorado positivamente las medidas extraordinarias aprobadas por el Gobierno central para amortiguar el golpe sobre el sector agrario y pesquero. En concreto, la organización destaca el paquete de apoyo de más de 877 millones de euros incluido en el decreto anticrisis, dotado con un volumen total de 5.000 millones de euros. Entre las medidas anunciadas figuran una subvención de 500 millones para la compra de fertilizantes y una ayuda directa de 20 céntimos por litro de gasóleo agrícola.
Aunque ASFAC considera que estas actuaciones son un paso necesario para aliviar la asfixia financiera de los productores, también advierte de que la situación sigue siendo extremadamente frágil. La asociación asegura que continuará vigilando la evolución de los mercados internacionales de materias primas para defender la supervivencia de un sector estratégico que, en caso de interrupción de las importaciones, podría verse comprometido en apenas 48 horas.
Un conflicto internacional con impacto directo en el consumo diario
Más allá del ámbito industrial, la advertencia de ASFAC refleja una cuestión de fondo: la seguridad alimentaria europea está profundamente conectada con la estabilidad de los grandes corredores comerciales y energéticos. Cuando una crisis internacional afecta al transporte de petróleo, fertilizantes o materias primas agrícolas, sus consecuencias no se limitan al comercio exterior, sino que terminan afectando a la cadena de valor agroalimentaria y, en última instancia, al precio final que asumen hogares y consumidores.
La evolución del conflicto será determinante para medir la intensidad de ese impacto en los próximos meses. Por ahora, el sector de la alimentación animal ya da por hecho que la guerra en Irán y la inestabilidad en Ormuz tendrán un coste añadido para la producción ganadera española. Y eso, en un contexto de alta sensibilidad de los precios de los alimentos, anticipa nuevas tensiones para la cesta de la compra.
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