Investigaciones desarrolladas por la Embrapa Brasil, en colaboración con la Universidad de Brandeis de Estados Unidos, revelaron que ciertos microorganismos extremófilos conocidos como arqueas pueden aumentar la tolerancia del maíz al exceso de sal en el suelo, permitiendo que el cultivo mantenga su crecimiento y productividad en condiciones consideradas adversas.
El estudio, publicado en la revista científica Environmental Microbiome, demostró que estas arqueas colonizan la rizosfera —la zona del suelo cercana a las raíces— y ayudan a las plantas a resistir el estrés salino, uno de los principales problemas que afecta la agricultura en regiones áridas y semiáridas.
Según la investigación, los microorganismos fueron aislados de las raíces de la planta Atriplex nummularia, conocida por su alta tolerancia a ambientes salinos y utilizada en procesos de recuperación de suelos degradados.
Durante los experimentos realizados en laboratorio y ambientes controlados, las plantas de maíz tratadas con arqueas mostraron un crecimiento más vigoroso, mayor biomasa y mejor conservación de clorofila frente a altas concentraciones de sal, en comparación con plantas no tratadas.
Los investigadores identificaron además genes asociados con la producción de fitohormonas y osmoprotectores, sustancias que ayudan a las plantas a mantener el equilibrio hídrico celular y reducir los efectos tóxicos provocados por la salinidad.
Itamar Melo, investigador de Embrapa Medio Ambiente y coordinador del estudio, explicó que la salinización representa uno de los mayores desafíos para la agricultura moderna, ya que millones de hectáreas dejan de ser productivas debido a la acumulación de sales.
“El problema no se limita al noreste semiárido de Brasil. La salinización afecta diversas regiones del mundo y existen pocas tecnologías eficaces para recuperar estos suelos”, señaló.
De acuerdo con datos citados por Embrapa, Brasil posee aproximadamente 16 millones de hectáreas afectadas por sales, mientras que informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estiman que más de 1.380 millones de hectáreas presentan algún grado de salinidad a nivel mundial.
Los investigadores consideran que los bioinoculantes desarrollados a partir de arqueas podrían convertirse en una herramienta biotecnológica para mantener la productividad agrícola en zonas irrigadas con agua salobre o afectadas por degradación de suelos.
Entre las aplicaciones prácticas planteadas se encuentra el tratamiento de semillas o la aplicación directa al suelo antes de la siembra, especialmente en cultivos sensibles como maíz, frijol y hortalizas.
João Paulo Ventura, investigador vinculado científicamente a Embrapa y líder de los experimentos, destacó que los hallazgos cambian la percepción sobre estos microorganismos.
“Las arqueas dejan de ser vistas únicamente como organismos capaces de sobrevivir en ambientes extremos y pasan a considerarse herramientas biotecnológicas con potencial para contribuir a la seguridad alimentaria y la agricultura sostenible”, afirmó.
La investigación abre nuevas perspectivas para el desarrollo de tecnologías agrícolas enfocadas en resiliencia climática, manejo de suelos degradados y sostenibilidad productiva en regiones afectadas por la salinización.







