Mosca soldado negra entra al menú de las cachamas colombianas

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Con larvas de mosca soldado negra criadas con residuos de mango, yuca y café se reemplazó hasta el 15 % de la soya en la alimentación de cachamas sin afectar su crecimiento, salud ni rendimiento. El hallazgo abre una alternativa más sostenible para la piscicultura colombiana.

La investigación fue desarrollada por la zootecnista Edna Magaly Menjura Rojas, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien evaluó el efecto de la harina elaborada con larvas de mosca soldado negra (Hermetia illucens), un insecto cada vez más estudiado en el mundo por su capacidad para transformar residuos orgánicos en proteína de alta calidad.

En el estudio se reemplazó hasta el 15 % de la torta de soya utilizada en la dieta de los peces sin generar efectos negativos en los animales.

Para ello, el equipo trabajó con 96 alevinos (crías en estadio inicial de desarrollo) de cachama blanca (Piaractus brachypomus), una de las especies más importantes para la piscicultura colombiana. Durante 55 días los peces se alimentaron con dietas que contenían 0, 5, 10 y 15 % de harina de insecto.

Los resultados sorprendieron, pues las cachamas alimentadas con harina de larvas de mosca soldado negra crecieron prácticamente igual que aquellas que recibieron alimento convencional. No se encontraron diferencias significativas en variables clave como ganancia de peso, tasa de crecimiento, conversión alimenticia o rendimiento en canal.

“Estos resultados son especialmente importantes porque en Colombia todavía no existe una regulación específica sobre el uso de insectos para alimentación animal; por ello estamos generando evidencia científica que sirva para construir futuros marcos normativos en el país. Ese también es uno de los objetivos de este trabajo”, explica la zootecnista Menjura, magíster en Salud y Producción Animal de la UNAL.

El hallazgo es relevante porque gran parte de los alimentos balanceados para peces todavía dependen de harina de pescado y soya, dos materias primas cada vez más cuestionadas por su impacto ambiental.

Así, mientras que para elaborar la harina de pescado es necesario capturar peces silvestres para convertirlos en concentrados proteicos, la expansión de la soya para alimentación animal ha estado asociada con deforestación, alto consumo de agua y transformación de ecosistemas naturales. Además, el aumento en el precio de estos ingredientes afecta directamente los costos de producción en la acuicultura.

¡Pasó todas las pruebas!

Los análisis fisiológicos tampoco evidenciaron alteraciones en los peces alimentados con harina de insecto. Para comprobarlo, el equipo evaluó indicadores relacionados con el metabolismo y el estado fisiológico de las cachamas, como grasa visceral, índices hepatosomáticos (que permiten analizar el tamaño y la condición del hígado), además de colesterol y triglicéridos en sangre.

“Todos los parámetros se mantuvieron dentro de rangos normales y sin diferencias significativas frente a los peces alimentados con dietas convencionales”, asegura la experta.

La seguridad del ingrediente también se evaluó mediante análisis toxicológicos y microbiológicos realizados sobre la harina obtenida de las larvas. Allí se buscaron contaminantes químicos como micotoxinas y metales pesados —entre ellos plomo, cromo y mercurio—, así como microorganismos de importancia sanitaria como SalmonellaEscherichia coliStaphylococcus aureus y Clostridium.

“Los resultados mostraron ausencia de Salmonella y niveles mínimos permitidos de microorganismos y metales pesados según los parámetros internacionales usados como referencia en alimentación animal. Esto nos permite concluir que la harina presenta condiciones libres de microorganismos peligrosos para su uso experimental en cachama blanca destinada al consumo humano”, explica la zootecnista.

Para ella, este resultado es especialmente relevante porque uno de los principales cuestionamientos sobre el uso de insectos en nutrición animal ha sido justamente la posibilidad de bioacumulación de contaminantes o la presencia de bacterias peligrosas.

Así, las larvas se criaron sobre una mezcla compuesta por 37,4 % de residuos de mango, 20,6 % de yuca y 10,2 % de harina de guayaba, además de salvado de trigo y cereza de café. Luego se sometieron a procesos de inactivación, escaldado, secado y molienda para producir la harina utilizada en las dietas experimentales.

La harina presentó entre 40 y 44 % de proteína y un perfil favorable de aminoácidos y lípidos, características fundamentales para la nutrición de los peces.

Así mismo, la experta explica que aunque Europa ya autorizó varias especies de insectos para alimentación acuícola mediante regulación sanitaria específica, en Latinoamérica todavía existen vacíos normativos y poca evidencia experimental en especies nativas de interés comercial.

Por eso considera que los resultados obtenidos en cachama blanca representan un avance importante hacia sistemas acuícolas más sostenibles y menos dependientes de materias primas tradicionales.

“La FAO ya ha advertido que varias poblaciones marinas están llegando a un punto de no retorno por la presión pesquera. Eso no solo afecta los ecosistemas, sino que también hace que la harina de pescado sea cada vez más costosa para los productores”, afirma.

Aunque este es un primer paso y todavía se deben ampliar los estudios sobre transformación y posibles contaminantes, los investigadores concluyen que la evidencia obtenida respalda el uso seguro de estos ingredientes en peces destinados al consumo humano.

La investigación contó con el apoyo del Centro de Investigación de Artrópodos Terrestres, del Laboratorio de Fisiología de Peces y del Grupo de Investigación ACUICTIO, bajo la dirección del profesor Miguel Ángel Landines Parra y la codirección de la profesora Karol Bibiana Barragán Fonseca, además del apoyo de los profesores Adriana Patricia Muñoz Ramírez y Gustavo Álvaro Wills, y de la doctora Sandra Milena Vásquez, todos de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL.

PUBLICADO POR: https://agenciadenoticias.unal.edu.co/

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Con larvas de mosca soldado negra criadas con residuos de mango, yuca y café se reemplazó hasta el 15 % de la soya en la alimentación de cachamas sin afectar su crecimiento, salud ni rendimiento. El hallazgo abre una alternativa más sostenible para la piscicultura colombiana. La investigación fue desarrollada por la zootecnista Edna Magaly Menjura Rojas, de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien evaluó el efecto de la harina elaborada con larvas de mosca soldado negra (Hermetia illucens), un insecto cada vez más estudiado en el mundo por su capacidad para transformar residuos orgánicos en proteína de alta calidad. En el estudio se reemplazó hasta el 15 % de la torta de soya utilizada en la dieta de los peces sin generar efectos negativos en los animales. Para ello, el equipo trabajó con 96 alevinos (crías en estadio inicial de desarrollo) de cachama blanca (Piaractus brachypomus), una de las especies más importantes para la piscicultura colombiana. Durante 55 días los peces se alimentaron con dietas que contenían 0, 5, 10 y 15 % de harina de insecto. Los resultados sorprendieron, pues las cachamas alimentadas con harina de larvas de mosca soldado negra crecieron prácticamente igual que aquellas que recibieron alimento convencional. No se encontraron diferencias significativas en variables clave como ganancia de peso, tasa de crecimiento, conversión alimenticia o rendimiento en canal. “Estos resultados son especialmente importantes porque en Colombia todavía no existe una regulación específica sobre el uso de insectos para alimentación animal; por ello estamos generando evidencia científica que sirva para construir futuros marcos normativos en el país. Ese también es uno de los objetivos de este trabajo”, explica la zootecnista Menjura, magíster en Salud y Producción Animal de la UNAL. El hallazgo es relevante porque gran parte de los alimentos balanceados para peces todavía dependen de harina de pescado y soya, dos materias primas cada vez más cuestionadas por su impacto ambiental. Así, mientras que para elaborar la harina de pescado es necesario capturar peces silvestres para convertirlos en concentrados proteicos, la expansión de la soya para alimentación animal ha estado asociada con deforestación, alto consumo de agua y transformación de ecosistemas naturales. Además, el aumento en el precio de estos ingredientes afecta directamente los costos de producción en la acuicultura.

¡Pasó todas las pruebas!

Los análisis fisiológicos tampoco evidenciaron alteraciones en los peces alimentados con harina de insecto. Para comprobarlo, el equipo evaluó indicadores relacionados con el metabolismo y el estado fisiológico de las cachamas, como grasa visceral, índices hepatosomáticos (que permiten analizar el tamaño y la condición del hígado), además de colesterol y triglicéridos en sangre. “Todos los parámetros se mantuvieron dentro de rangos normales y sin diferencias significativas frente a los peces alimentados con dietas convencionales”, asegura la experta. La seguridad del ingrediente también se evaluó mediante análisis toxicológicos y microbiológicos realizados sobre la harina obtenida de las larvas. Allí se buscaron contaminantes químicos como micotoxinas y metales pesados —entre ellos plomo, cromo y mercurio—, así como microorganismos de importancia sanitaria como SalmonellaEscherichia coliStaphylococcus aureus y Clostridium. “Los resultados mostraron ausencia de Salmonella y niveles mínimos permitidos de microorganismos y metales pesados según los parámetros internacionales usados como referencia en alimentación animal. Esto nos permite concluir que la harina presenta condiciones libres de microorganismos peligrosos para su uso experimental en cachama blanca destinada al consumo humano”, explica la zootecnista. Para ella, este resultado es especialmente relevante porque uno de los principales cuestionamientos sobre el uso de insectos en nutrición animal ha sido justamente la posibilidad de bioacumulación de contaminantes o la presencia de bacterias peligrosas. Así, las larvas se criaron sobre una mezcla compuesta por 37,4 % de residuos de mango, 20,6 % de yuca y 10,2 % de harina de guayaba, además de salvado de trigo y cereza de café. Luego se sometieron a procesos de inactivación, escaldado, secado y molienda para producir la harina utilizada en las dietas experimentales. La harina presentó entre 40 y 44 % de proteína y un perfil favorable de aminoácidos y lípidos, características fundamentales para la nutrición de los peces. Así mismo, la experta explica que aunque Europa ya autorizó varias especies de insectos para alimentación acuícola mediante regulación sanitaria específica, en Latinoamérica todavía existen vacíos normativos y poca evidencia experimental en especies nativas de interés comercial. Por eso considera que los resultados obtenidos en cachama blanca representan un avance importante hacia sistemas acuícolas más sostenibles y menos dependientes de materias primas tradicionales. “La FAO ya ha advertido que varias poblaciones marinas están llegando a un punto de no retorno por la presión pesquera. Eso no solo afecta los ecosistemas, sino que también hace que la harina de pescado sea cada vez más costosa para los productores”, afirma. Aunque este es un primer paso y todavía se deben ampliar los estudios sobre transformación y posibles contaminantes, los investigadores concluyen que la evidencia obtenida respalda el uso seguro de estos ingredientes en peces destinados al consumo humano. La investigación contó con el apoyo del Centro de Investigación de Artrópodos Terrestres, del Laboratorio de Fisiología de Peces y del Grupo de Investigación ACUICTIO, bajo la dirección del profesor Miguel Ángel Landines Parra y la codirección de la profesora Karol Bibiana Barragán Fonseca, además del apoyo de los profesores Adriana Patricia Muñoz Ramírez y Gustavo Álvaro Wills, y de la doctora Sandra Milena Vásquez, todos de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL. PUBLICADO POR: https://agenciadenoticias.unal.edu.co/