En Tucumán encuentran compuestos activos en la santa rosa, la sombra de toro y la yerba lucera. En el laboratorio probaron su eficacia contra plagas como el gusano cogollero.

Investigadoras del Instituto de Química Orgánica de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la Universidad Nacional de Tucumán estudian propiedades insecticidas en plantas nativas de Argentina y de Bolivia para combatir al gusano cogollero, una de las principales plagas de los cultivos del maíz

Utilizando compuestos puros extraídos de plantas como la santa rosa, la sombra de toro y la yerba lucera, comprobaron que mata o aleja a las larvas del cogollero, que también afecta a la soja y el algodón. Además el equipo demostró la actividad insecticida de estos compuestos sobre la mosca de la fruta, otra plaga que afecta a cultivos de citrus, durazno y guayaba.

El equipo está formado por Alicia Bardón (directora de la investigación y actual rectora de la UNT), Susana Borkosky, Nancy Vera, Elena Cartagena, Mario Arena y Adriana Neske. Los resultados del equipo fueron publicados en prestigiosas revistas científicas como Journal of Chemical Ecology, Journal of Pest Sciences y más recientemente en Neotropical Entomology, según la información del portal Tucumán Noticias.

Las investigadoras sostienen que el principal trabajo que realizan consiste en el aislamiento de los productos naturales bioactivos, para ir probando diferentes acciones biológicas. “La planta es como un gran laboratorio y encontrar propiedades beneficiosas en algunas de sus moléculas es parte fundamental de nuestra tarea”, sintetiza Borkosky.

La investigación se encuentra en estado experimental, es decir, que si bien los resultados son exitosos en el laboratorio, aun no se aplican en el campo ni a gran escala. El desafío del grupo es comprobar que no sólo las moléculas puras tengan efecto insecticida, sino que en su conjunto en el extracto se potencien, lo que daría como resultado mayor cantidad de producto bioactivo, es decir, de bioinsecticida. Hasta el momento probaron alrededor de 40 extractos de plantas y obtuvieron efectos insecticidas de diferente grado (leve, moderado y muy efectivo).

Vera precisó que el objetivo a futuro es hacer pruebas a campo con los extractos más activos que se consigan y observar el efecto, porque en situaciones no controladas, es decir, fuera del laboratorio influyen otros factores como la luz, lluvia, suelo, etc. “Nosotras buscamos modelos de potenciales moléculas insecticidas, para que luego pueda desarrollarse su síntesis o mejorar su actividad, tal vez en colaboración con otros laboratorios”, expresó.

Borkosky adelantó que uno de los objetivos del equipo es patentar extractos o compuestos puros con efecto insecticida, pero aclaró que la limitante hoy en día es la mínima cantidad de compuesto puro que consiguen aislar del material vegetal. “Necesitamos que la planta sea cultivable, que pueda crecer en condiciones controladas a gran escala y que su fabricación sea rentable”, reflexionó.

Producir granos orgánicos

Tucumán Noticias afirmó que una de las grandes ventajas que conlleva esta investigación es la posibilidad de producir maíz, algodón y soja orgánicos, es decir, sin agroquímicos (pesticidas o fertilizantes sintéticos) ni hormonas agregados. Esto otorga una ventaja a la hora de exportar porque algunos mercados internacionales exigen productos ecológicos o les dan preeminencia sobre los otros. Borkosky comentó que los insecticidas que estudian al ser de origen natural “son menos contaminantes y tienen menor impacto sobre otros organismos y sobre el suelo, porque se degradan más fácilmente”.

Los trabajos de laboratorio se desarrollan con la colaboración de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC), organismo que provee de larvas, moscas de fruta y de cultivos preparados para desarrollar las pruebas de laboratorio. Analía Salvatore, de Zoología Agrícola de la EEAOC, consideró que las científicas tucumanas “encontraron fórmulas valiosas que deben ser difundidas, nosotros las probamos y funcionan”. Agregó que “los beneficios son muchos porque para una agricultura orgánica es imperioso contar con insecticidas naturales”.

La plaga

El gusano cogollero es la larva de la palomilla o mariposa nocturna cuyo nombre científico es “Spodoptera frugiperda”, que ataca principalmente maíz, sorgo y arroz, aunque también, en menor grado, soja, hortalizas y algodón, entre otros cultivos. Esta plaga, considerada la más importante del maíz, se encuentra distribuida por todo el Hemisferio Occidental desde el Sureste de Canadá hasta Chile y Argentina.

El cogollero durante su vida pasa por diferentes etapas: huevo, larva o gusano (es la etapa en la que daña los cultivos porque necesita comer en cantidades), pupa y adulto o mariposa. Las larvas en general son oscuras con tres rayas pálidas estrechas y longitudinales y pueden medir desde 3 milímetros en su etapa inicial hasta los 35 milímetros en su último estado.

El cogollero hace raspaduras sobre las partes tiernas de las hojas, que posteriormente aparecen como pequeñas áreas translúcidas. Una vez que la larva alcanza cierto desarrollo, empieza a comer follaje perfectamente en el cogollo (parte interior y tierna de la planta). Al desplegarse, las hojas muestran una hilera regular de perforaciones a través de la lámina o bien áreas alargadas comidas.

 

 

 

Fuente: Noticias Agropecuarias | ElProductor.com

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here