Aquel paradigma que encierra a las huertas en amplios espacios o en haciendas de varias hectáreas quedó atrás. Con un poco de creatividad y con conocimiento de la cosmovisión andina, se puede construir una de un metro cuadrado, que podría estar en cualquier jardín dentro una casa citadina.

Las huertas son ‘pedazos’ de tierras fértiles en donde las comunidades indígenas siembran variedad de plantas alimenticias y medicinales que garantizan tanto la buena nutrición como los remedios necesarios para la familia. “Aquí está la comida y la medicina”, asegura Ximena Ushca, quien tiene una huerta en el jardín de su vivienda.
Reside en la avenida Pedro Puelles y Pinta, a diario se la ve con un sombrero, el rostro blanco por el protector solar que se echa para cuidarse del sol y unos guantes de plástico, que le llegan hasta los codos. Riega las plantas, mueve la tierra, les canta y les habla.

En su siembra destacan tomates de árbol, cebolla, ajo, albahaca, apio, papas y zanahoria blanca. La ruda también es parte de la huerta, pero asegura que la usa más que todo para que la plaga se mantenga alejada. “Yo he sido de la parroquia rural Baños, hace 10 años que vivo aquí, pero el campo siempre me lo he de llevar a dónde vaya”, cuenta al tiempo que sonríe.
También siembra plantas medicinales como manzanilla, diente de león, ‘carne humana’, floripondio, menta, eucalipto, claveles y variedad de flores para hacer agua de rosas, penas penas, flor de Cristo, entre otras. Se llevó la tradición de su tierra a la ciudad y usa un espacio de unos dos metros de ancho por unos tres de largo, aproximadamente.

Visión profesional
El técnico del Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Zonal 6, Cristian Zhirvi, es un experto en crear huertas familiares. Va a los campos para dar asesoría de cómo sembrar, hacer bioles de manera que la tierra tenga más nutrientes, sin tener que utilizar ningún tipo de químicos, enseña cuáles son las semillas andinas y parte de su cosmovisión.
“La agricultura de nuestros antepasados consistía en hacer cultivos integrales y, sobre todo, eran respetuosos de la naturaleza”, explica Zhirvi. Lo más importante era el sustento de las familias o lo que también es conocido ahora como soberanía alimentaria.


Para lograr hacer una huerta familiar, hay que, principalmente, decidir qué espacio se va a utilizar. Elegir si se usarán macetas con botellas reciclables de plástico, madera o del tradicional barro para la siembra. Luego, hay que empezar a estudiar acerca de los ciclos de la luna para saber cuándo sembrar, cosechar o dejar que descanse.
Los mayores siempre recomiendan sembrar durante la luna creciente, de esta manera se garantiza que la semilla se convierta en una fruta sana y frondosa. De lo contrario “no crece la planta”, asegura Ushca, gran conocedora del tema.

Diferencia
Suele haber confusión entre ‘huerta’ y ‘chakra’, por lo que Delfa Iñamagua, técnica de Medicina Ancestral del Distrito 1 Pumapungo, del Ministerio de Salud, explicó que la comparación de chakra andina como una huerta queda muy limitada para el concepto entendido por las nacionalidades indígenas.
“La chakra andina es todo un sistema de la naturaleza, asociado a los tiempos. Aunque comúnmente se asocia la palabra ‘chakra’ con la planta de maíz, nosotros sabemos que en ese espacio está la salud y alimento para nuestra familia, que puede tener plantas de maíz e integrarse un sinnúmero de otras especies”, agregó Iñamagua.


Por otra parte, la antropóloga Tamara Landívar aseguró que los antepasados tenían un concepto claro del respeto a la tierra, sabían que el pluricultivo era importante. Las actuales técnicas de agricultura que se emplean en los sectores rurales de la región andina conservan aspectos muy marcados de los ancestros, especialmente en lo referente a la siembra, con el uso del calendario agri-luni-solar.

Experiencia
Al igual que Ushca, María Pereira también tiene una huerta en su casa, ubicada en la avenida Loja y Don Bosco. Para obtener semillas se encarga de sacarlas durante la cosecha, para después volver a sembrar.
“Es la manera de garantizar la constante siembra, pero también de que la semilla sea completamente sana”, explica. Para evitar que le caiga algún tipo de plaga se encarga de rociar con humo algunas mañanas y lo riega constantemente.
Lo más importante para ella es rotar la siembra y dejar descansar la tierra cuando es necesario. Para Pereira hay temporadas de descanso, así le enseñaron sus abuelos y ella lo practica.
La cosmovisión andina en cuanto a los ciclos de la luna para sembrar, abandonar los químicos y hacer unos cultivos variados son principios de los ancestros que se evidencian en las huertas urbanas. (EPA) (F)

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