A las 07:00, los gallos, como en una competencia, aún están cantando. La gente con sus botas de caucho y el azadón en el hombro van por el camino guiando su rebaño de ovejas.

Aquí los surcos siempre parecen estar perfectamente bien dibujados. El páramo se siente cerca, pues el frío y la tierra negra como el barro es parte del paisaje.

Con su ‘wanku’ en la mano y muy ágil, María Juana Capuz Capuz, de 64 años, tiende un costal y se sienta en un borde del patio de la casa de su hija.

En su adolescencia su padre le enseñó a hilar, quien sabía a la perfección esta destreza. “Desde los 12 años mi papá decía que tengo que aprender y ayudarle a mi mamá, porque ellos hilaban y también tejían los ponchos y anacos”, afirmó.
Mientras sus dos manos convierten, coordinadamente, la lana de oveja en un ovillo de hilo, lo que para los kichwa hablantes se llama kururu, ella explica todo el proceso.

El Dato
Antes el ovillo de lana hilado a mano costaba dos dólares, en la actualidad tiene un valor de 50 centavos.
Paso a paso

En el páramo, como a media hora de la casa de María Juana, está el rebaño de siete ovejas, a las cuales hay que trasquilarlas. Una vez que se saca la lana, se debe lavarla y después dejarla secar.

Una vez que se ha secado hay que escarmenarla, es decir extenderla con las manos para que quede suave. Después se hace un pequeño ‘wanku’, fácil de llevar, y empezar a formar el ‘kururu’ que se va envolviendo en el siksig.

ANTIGÜEDAD. Hace años los ponchos no se tinturaban de negro.

Cuando el hilo está listo, se deja donde un tejedor para que forme el poncho, anaco o bayeta. María Juana explica que, como decían los mayores, se tiene que ‘batanar’; poner en agua hervida y lavar con jabón nuevamente.  El proceso continúa con el tinturado, para que el poncho sea negro. María compra tinta en el centro de Ambato, como ella dice: “para tinturar el poncho pongo una libra de sal en grano, además de 20 a 30 limones y una papa gruesa; cuando la papa ya está bien cocinada, se retira del fuego y se deja reposar un día”.

Ella también recuerda que sus abuelos no tinturaban las prendas de vestir, porque asimismo se trasquilaban a las ovejas de lana negra.

María Juana es una mujer indígena que ha crecido hilando para elaborar su propia vestimenta. Asimismo, señala que los ponchos de lana de borrego son más abrigados.
El día a día

A las 05:00, María Juana sale de su casa de Angahuana Alto, en Santa Rosa (Tungurahua), y camina al páramo, donde tiene una ‘mediaguita’ con gallinas y cuyes. Cuando llueve deja a su ganado y ovejas ahí.

“Siempre llevo mi ‘wanku’ y salgo de la casa a las 05:30. Entonces, llego al páramo, veo a mis animales y regreso a mi hogar a hacer el café, después nuevamente subo llevando a mis ovejas”.

Costumbre. Los ponchos y anacos hechos de lana de borrego son parte de una costumbre milenaria que se mantiene en muchos pueblos.

En dos días, María ya tiene un ‘sikgig’ completo de lana, entonces con ayuda de su madre escarmenan más para formar otro ‘wanku’.
Francisco Agualongo es el yerno de María. Asegura que siempre utiliza los ponchos que su suegra le hace, pues en épocas en las que el frío es más fuerte, la lana de borrego permite que el cuerpo se abrigue con facilidad.
La amabilidad de María le permite sonreír un par de veces mientras continúa hablando de las tradiciones que ha heredado. La ‘shikra’ o bolso, que se elabora con cabuya, también es una de esas tradiciones, que, aunque la vista ya no le permite seguir elaborándolas, siempre las carga.
Cada palabra que pronuncia demuestra seguridad y amor por lo que hace, es así que la ‘shikra’, al igual que el hilado tienen un valor muy importante en su familia. “Ahora son otros tiempos, pero la cultura de los mayores no debería perderse, por eso siempre les digo a mis hijas que deben aprender a hilar, que no es difícil”. (BG)
Términos

Significados
°  Wanku en idioma kiwcha significa atado.

° Siksig quiere decir paja gruesa de hojas ásperas.

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