Una buena alimentación contribuye al buen estilo de vida de la población. Los huertos familiares aportan con un sin número de beneficios en este aspecto.
Por un lado, es una opción para mejorar la nutrición y ayuda a la economía, por otro, además de ser una actividad que promueve la conexión con la tierra también fomenta pasar tiempo en familia.
En la ciudad, son varias familias la que participan de esta iniciativa, desde se experiencia motivan a sus vecinos a sumarse, este proyecto ha generado un impacto positivo en las vidas de los beneficiarios.
Así mismo, cada día se suman más instituciones a la promoción de esta práctica sustentables, que con el pasar del tiempo va tomando más fuerzas en la urbe.
Satisfacción
Ángela Mera, es moradora del sector El Pantano de la parroquia urbana San Cristóbal, comentó es la primera vez que participa un proyecto de este tipo, para ella estar conectada con el cultivo la ayuda olvidarse del estrés diario.
“Es maravillosos, cundo uno esta tenso viene a andar en las plantas, a cuidarlas, así se más actividad y deja el sedentarismo de pasar solo en la casa”, dijo Mera, luego de invitar a sus vecinos a unirse y replicar esta práctica.
Al igual que ella, Lina Izquierdo Díaz, de 55 años indicó que a ella siempre le ha gustado sembrar, y que gracias a los técnicos que le brindan asesoría han aprendido mucho más.
“Una experiencia muy bonita, con esto no tendremos que salir a tienda a comprar verduras, y hasta podemos apoyar a los vecinos regalándole hortalizas. Estamos pendientes del cuidado, dos veces al día hacemos los riegos y estamos pendientes de cuidar las siembras”, indicó la mujer.
Compromiso
Uno de las instituciones que ha querido sumarse a esta corriente mundial de fomentar el consumo y la producción de alimentos orgánicos es el Municipio de la ciudad.
Cristhian Santín, es un técnico especializado en huertas de soberanía alimenticia, colaborador del Departamento de Desarrollo Social, quien explicó que está impulsando un proyecto enfocado en ayudar a personas con pobreza y extrema pobreza, en las que participan las once parroquias del cantón.
Actualmente son 50 familias que se están beneficiando de la iniciativa. De las cuales, en época invernal se intervienen 25 y en verano a las familias 25 restantes.
“Arrancamos con familias que tenía el espacio y simplemente había sembrada una planta de albaca, flores, y salían a comprar todo para consumir, ahora ese espacio es complementado con frutas, verduras y hortalizas. Ya no van a la tienda a comprar un pimiento, simplemente van a su patio y lo agarran”, relató Santín.
El Municipio colabora con los insumos, como lo son las semillas, mientras que los técnicos ayudan con la guía para producir los semilleros, a cuidar la planta, elabora repelentes orgánicos.
El objetivo principal es que el proyecto le de las herramientas necesarias a los beneficiarios para que ellos mantengan una ayuda dentro de su canasta familiar.
“A veces en los patios trabajamos con escombros, con tablas, cañas, una tina vieja o un balde, utilizamos los recursos que tenemos a la mano. Entre los productos que se cultivan están: el pimiento, tomate, pepino, perejil, culantro, rábano, entre otros”, añadió el técnico.
Aporte
Otra de las instituciones que se involucra con la producción de estos espacios, es la Universidad Técnica Estatal de Quevedo (UTEQ), a través de sus estudiantes los que realizan trabajos de vinculación con la sociedad.
Estos jóvenes se involucran a diario en este programa, además de aportar con sus conocimientos teóricos de la materia, cooperan con la mano obra.
La universitaria Cristhina Vega, es una de estos jóvenes, tiene cinco beneficiarios a su cargo, aportando asesorándolos para que puedan producir su propio alimento, especialmente orgánicos.
“Siempre es importante que el beneficiario este pendiente del riego a las plantas porque algunas son muy delicadas. Para preparar la tierra se utiliza materia orgánica como melaza, suero de leche, estiércol de ganado, ceniza”, explicó Vega.
La mayoría de cultivos son de ciclo corto que varían entre los setenta días y tres meses. Estos huertos contribuyen a la economía y salud de las familias.