La actividad agraria en Guatemala no se ha visto frenada por la expansión del COVID-19 en el país, a pesar de las dificultades que las medidas preventivas han supuesto para el desplazamiento, tanto de los agricultores, como de las mercancías.

En el municipio de Patzicía, en el departamento de Chimaltenango, continúa la cosecha de lechugas destinadas a su exportación a El Salvador. Jorge, un agricultor local de lechugas de 32 años, confirmó a Efeagro que “el trabajo sigue normal” para ellos. Una situación similar pudo constatar este medio en un sembradío de zanahorias, cerca de los cultivos de lechugas, donde lavaban contenedores de agua y metían las verduras dentro de bolsas.

Los horarios de trabajo sí han cambiado para los agricultores, ya que desde el pasado 22 de marzo se instauró un toque de queda vespertino, entre las 4 de la tarde y las 4 de la mañana, por lo que deben retrasar la jornada que iniciaba antes de esta medida decretada por el presidente, Alejandro Giammattei.

Con preocupación
La Cámara del Agro (Camagro) de Guatemala reconoció a principios de abril el incremento de costos y en la demanda de los productos, lo cual “es preocupante”, como señaló la entidad en un comunicado de prensa. La Camagro identificó una disminución en las ventas por el “cierre casi total de restaurantes y hoteles”, así como la limitación de los horarios de los mercados, que deben cerrar al mediodía, o los cambios y problemas logísticos en cadenas de exportación a Estados Unidos, el principal cliente comercial, o Europa.

Incluso la agencia de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO) alertó el último fin de semana que la pandemia de coronavirus hará que aparezcan nuevas bolsas de hambre en ciertas partes del planeta y al mismo tiempo empujará a los agricultores a una nueva crisis por la caída previsible de la demanda.

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