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Según la directora del programa Biosecurity Queensland Panama TR4, Rhiannon Evans, la enfermedad se ha detectado en seis explotaciones de Queensland «cercanas entre sí», lo que supone una amenaza cada vez mayor para el sector bananero australiano, valorado en mil millones de dólares.

Según Evans, la enfermedad se encontró en cultivos industriales en el norte de Queensland en 2015. Señala que las medidas de bioseguridad «realmente han limitado el potencial de propagación de la enfermedad».

Y Queensland ha tenido en realidad una de las estrategias de contención y control más eficaces jamás vistas. A pesar de un repunte en los ataques a la fruta en los últimos meses, Evans explica que los estudios actuales sobre el control de la enfermedad en otros países significan que las bananas podrán seguir estando en las estanterías de las tiendas en el futuro.

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