Campo en Córdoba (España). Efeagro/Rafa Alcaide

Reducir la deforestación, capturar carbono en agricultura y restaurar ecosistemas naturales son las tres formas de mejorar el uso del suelo con un mayor coste, a medida que aumenta su potencial para mitigar los efectos del cambio climático.

Así lo recoge el último informe de síntesis publicado por el Grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC), que en uno de sus gráficos analiza las oportunidades de incrementar la acción climática en los distintos sectores.

Según el IPCC, la alimentación puede reducir hasta un 44 % sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2050 con opciones de mitigación por el lado de la demanda, es decir, en aquello que impulsa el consumo y las emisiones de gases de efecto invernadero.

En cuanto a la gestión de la tierra, el agua y la alimentación, destaca el coste del potencial que tiene la mejora del uso del suelo a través de la reducción de la conversión de ecosistemas naturales, el secuestro de carbono en la agricultura, la reforestación o restauración ambiental y la mejora de la gestión forestal.

Uno de los autores del informe y profesor investigador de la Universidad Nacional del Centro en Argentina, Gabriel Blanco, explica a Efeagro que eso se debe a que el sistema actual de producción de cultivos y de ganadería “es problemático e insostenible en el tiempo por el uso que hace del suelo, porque empuja la frontera agrícola en detrimento de los bosques, los humedales y otros ecosistemas”.

Campo en una hacienda de Ipameri (Brasil). Efeagro/Marcos Mendez
Campo en una hacienda de Ipameri (Brasil). Efeagro/Marcos Mendez

Los costes son menores en otros sectores con opciones como las energías renovables, puesto que transformar los sistemas alimentarios cuesta más que cambiar la manera de producir energía, según Blanco.

“La manera de producir energía no involucra a tanta gente como la de producir alimentos. El cambio de una tecnología puede afectar a los trabajadores de un sector, pero lo otro implica cambios en los patrones de producción y consumo, muy vinculados incluso a cuestiones culturales”, sostiene el experto.

Reconectar con los ciclos naturales

Blanco llama a repensar un sistema alimentario que en las últimas décadas “se ha desligado de los signos naturales del planeta” y necesita volver a “respetar de alguna manera” los ciclos del suelo y de otros recursos naturales que emplea.

A su juicio, la forma actual de producir alimentos es “hija de los combustibles fósiles” y se centra en proporcionar productos al mercado durante el máximo tiempo posible para vender al mundo cada día más de lo que sea, ya sean granos de maíz o vacas, “llevándose por delante” los ecosistemas naturales.

El investigador argentino asegura que el mayor potencial para reducir emisiones contaminantes en la agroalimentación pasa por el cambio a unas dietas saludables y sostenibles, lo que implica reducir el consumo de carne de vacuno, y por la disminución de las pérdidas y el desperdicio de alimentos en las distintas etapas de la cadena.

Informe del Grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC). Efeagro/Borja García
Informe del Grupo intergubernamental de expertos sobre cambio climático (IPCC). Efeagro/Borja García

En el informe del IPCC, sin embargo, esas dos opciones aparecen en gris porque no existen suficientes datos para estimar los costes asociados a su potencial de mitigación.

Otra posibilidad que tiene el sector primario y cuyo coste sí está cuantificado es la de recortar las emisiones de metano y óxido nitroso (N2O), este último vinculado a los fertilizantes químicos.

Dentro de las respuestas de adaptación al clima, aparecen la mejora de la eficiencia y la gestión de la ganadería, los cultivos, el agua, la biodiversidad, los recursos agroforestales, la pesca y las zonas costeras, con más o menos potencial.

Los expertos coinciden

La investigadora del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (Iiasa) Leila Niamir, autora también del IPCC, coincide en que cambiar a dietas equilibradas y evitar las pérdidas y el desperdicio alimentario son “esenciales” para la adaptación y la mitigación frente al cambio climático, al tiempo que generan “beneficios significativos para el bienestar humano”.

Anima a los consumidores a consumir más productos de origen vegetal y menos carne, evitando comer en exceso, y recomienda a los ganaderos producir carne y lácteos “en sistemas resilientes, sostenibles y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero”.

Otra científica del grupo intergubernamental, la profesora asociada de la Universidad de Ahmedabad (India) Minal Pathak, resalta que esas opciones sirven para avanzar en otros Objetivos de Desarrollo Sostenible, como la lucha contra la pobreza y el hambre.

“Las políticas de salud pública para mejorar la nutrición, con diversidad de fuentes de alimentos en los contratos públicos, incentivos financieros y campañas de sensibilización, pueden influir en la demanda de alimentos y reducir el desperdicio”, apunta.

Pathak añade que la intensificación agrícola sostenible contribuye a reducir la conversión de ecosistemas y las emisiones de metano y óxido nitroso, y hacer que la tierra esté disponible para la reforestación y la restauración ambiental.

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