Luis Villacís cultiva su parcela en San Joaquín. Se dedica a la agricultura desde hace tres décadas. XCA

“Los campos están abandonados. En algunos ha crecido pasto natural. Poca gente cultiva y la que cultiva hace huertos familiares. Algunas zonas donde antes se cultivaba maíz, cebada o trigo ahora están despobladas. Las tierras se vuelven estériles”.

Es el testimonio de Luis Villacís, agricultor desde hace tres décadas en la zona de San Joaquín. Recuerda que hace unos años trabajaban entre siete y nueve personas por hectárea en la horticultura, hoy lo hacen una o dos.

Son los efectos de la migración que ha causado estragos en distintos sectores productivos del país. En la provincia del Azuay, se evidencia escasez de mano de obra calificada en trabajos como agriculturaconstruccióncarpintería y en oficios como herrería y carrocería, entre otros.

“La situación ha ido cambiando paulatinamente. Teníamos mano de obra proveniente de zonas periféricas del Azuay como Quingeo o Ludo y de otras provincias como Loja y Cañar, pero poco a poco se han ido. La mayoría prefiere ir a Estados Unidos y muchos viajan indocumentados”, indica don Luis.

Alternativas

Ante este panorama, los agricultores han variado la forma de trabajar. Han cambiado los modelos manuales por herramientas mecanizadas en el riego, han pasado de la agricultura a la ganadería y han transitado de la agricultura tradicional a la orgánica, en busca de nuevo nichos de mercado.

Aunque don Luis admite que no es únicamente la migración, lo que afecta el trabajo en el campo. A esto se suman los altos costos de producción.

“La mano de obra de alguna manera se podría solventar con tecnificación o con otros sistemas de cultivo. Sin embargo, la agricultura que antes era muy rentable, ya no lo es y por eso la gente está abandonando este trabajo”, dice el agricultor.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) indicó que, el proceso migratorio se ha incrementado en los dos últimos años, en especial entre personas jóvenes que dejan en el campo a los adultos mayores.

Según datos del MAG, esto ha reducido la producción en el campo en un 8%. Las provincias con mayor impacto son Tungurahua, Cotopaxi, Chimborazo y Cañar.

Construcción

En la construcción el panorama no es muy distinto. La falta de mano de obra calificada se siente desde la pandemia, sobre todo, en el trabajo de acabados finos, de revestimiento, de instalación de muebles.

“Cuando México no pedía visa hubo una salida masiva de migrantes. Eso ha sido grave porque el proceso de calificación y de selección de personal ha sido lento. Tenemos que capacitar a gente nueva”, dice Sebastián Ordoñez, director técnico de la Constructora Ejeproy.

Estos procedimientos implican tiempo, resultan costosos, incrementan los precios y causan retrasos en la entrega de las obras en el sector constructivo.

El personal calificado en construcción tiene una carrera de unos 10 años. Inician como oficiales, adquieren destrezas, incrementan sus conocimientos, pasan a ser obreros y después maestros de obra.

Desde la Cámara de la Construcción se realizan de manera constante talleres y capacitaciones.

Artesanos

Freddy Barros, presidente de la Federación de Artesanos del Azuay, señala que no hay operarios calificados, ni jóvenes que deseen aprender, porque la mayoría está migrando, lo que afecta a diferentes ramas como la carpinteríatextilería, mecánica industrial o mecánica automotriz.

“Es preocupante. A finales de los 90 se iban los jefes de hogar. Desde hace tres años, migran familias enterasJóvenes que ya saben el oficio se van”, dice Freddy, artesano carrocero.

En este segmento, se requiere gente con experticia al tratarse del transporte de pasajeros. Entre las normas que exige la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), la seguridad es lo principal.

Además, ha disminuido el trabajo. Freddy necesitaba de cuatro o cinco trabajadores para cumplir con la demandahoy lo hace con dos. “La situación política del país provoca inestabilidad y esto es un freno para la economía”, expresa.

Herrería

Humberto Guerra es herrero desde hace 25 años. Señala que, de quienes quedan en este oficio, la mayoría tiene más de 60 años, la mano de obra calificada es escasa y los jóvenes, algunos migran y a otros no les interesa aprender el oficio.

“Tenemos que buscar muchachos nuevos que aprendan, a veces dañan las cosas, se necesita tiempo hasta que aprendan, mínimo unos seis meses”, explica Humberto.

Humberto Guerra junto a su operario Henry Heredia de 22 años, en el taller ubicado en las Herrerías. XCA

Para ser artesano calificado se necesita de siete años de trabajo en cualquier rama. Capacitar a nuevos operarios requiere inversión de recursos y al final no hay la garantía de que se queden en el país.

Carpintería

Como en todos los sectores, la carpintería tiene una cadena de producción que incluye el corte, cepillado, tallado y desbaste, ensamblaje, lijado, barnizado y sellado. Si uno de estos falta afecta toda la secuencia.

Diego Balarezo, propietario de ‘Yogo’, una empresa de producción y venta de mobiliario, señala que aunque hay tecnologías que pueden suplir la mano de obra, es cara y no es tan fácil acceder.

“Tampoco es que la tecnología va a resolver todo, se necesita personal calificado (…) hay algunos procesos como el lijado que se aprende en una semana, pero un maestro carpintero o armador necesita experiencia de mínimo dos años para conocer el funcionamiento de las máquinas y las técnicas de fabricación”, menciona.

Para sustituir las plazas de empleo que quedan vacantes por la migración han llegado obreros desde la ciudad de Quito y de la Costa, sobre todo, para agriculturaconstrucción carpintería. (PNH)-(I)

7 años de trabajo se requieren para ser artesano calificado en cualquier rama. Capacitar a nuevos operarios requiere inversión de recursos, de tiempo y no hay la garantía de que se queden en el país.

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