Supervisión de un sistema de riego en un cultivo de palma de aceite en Colombia. Efeagro/Ricardo Maldonado Rozo

La agricultura debe gestionar mejor el uso del agua para producir alimentos mientras compite con otros sectores por dicho recurso, especialmente en aquellos países que sufren estrés hídrico y en los que viven 2.400 millones de personas.

Este lunes se celebra el Día Mundial de la Alimentación bajo el lema “El agua es vida. El agua nutre. No dejar a nadie atrás”, una forma de recordar que la agricultura representa el 72 % del agua dulce que se consume a nivel global.

La experta de Tierras y Aguas de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) Patricia Mejías explica a Efeagro que el sector agrícola es el sector que más sufre las consecuencias de la escasez del agua y, al mismo tiempo, es “muy importante a la hora de mejorar la eficiencia y el uso del agua”.

El riego representa el 20 % de la superficie cultivada y contribuye al 40 % de la producción total de alimentos en el mundo.

Agricultores vulnerables a la sequía

Según Mejías, los agricultores, sobre todo los pequeños agricultores familiares, son muy vulnerables a la sequía, en particular quienes no disponen de acceso al riego.

Para mejorar la productividad en tales condiciones, la experta recomienda llevar a cabo prácticas agrícolas que protejan el suelo, el uso de variedades tolerantes a la sequía, el acceso a pequeñas infraestructuras de captación y almacenamiento de agua de lluvia, y el uso de tecnologías de riego de precisión y de fuentes de agua no convencionales (residuales o desaladas) cuando sea posible.

Detalle de un sistema de riego por goteo en un cultivo de la localidad de Salé, en Marruecos. Efeagro/Javier Otazu
Detalle de un sistema de riego por goteo en un cultivo de la localidad de Salé, en Marruecos. Efeagro/Javier Otazu

El apoyo técnico a los países en estas cuestiones, así como en el análisis del estado de los recursos hídricos para la agricultura y la gobernanza del agua, son algunas de las áreas en las que trabaja la FAO.

La directora de Recursos naturales y resiliencia del Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria (Ifpri), Claudia Ringler, destaca la importancia de garantizar los derechos de agua como manera de incentivar la inversión en tecnologías de ahorro hídrico y de fortalecer la participación de los agricultores en asociaciones para gestionar el riego.

Ringler llama a mantener las rutas comerciales que permitan importar alimentos a países con extrema escasez de agua como el norte de África y Asia occidental, ya que una parte importante del comercio mundial va de países con abundancia de agua a otros donde falta como, por ejemplo, de América Latina a China.

En otras regiones como África subsahariana, donde solo un 6 % de las tierras de cultivo reciben riego, es imprescindible aumentar este porcentaje mediante la cooperación internacional, según la responsable.

Según las proyecciones del Ifpri, la proporción de la demanda de agua que no podrá satisfacerse como resultado del cambio climático y una infraestructura hídrica deficiente alcanzará para 2050 alrededor del 35 % en las antiguas repúblicas soviéticas, el 30 % en el sur de Asia, el 25 % en Asia occidental y el norte de África, y se mantendrá en torno al 20 % en África subsahariana.

Fuente de conflicto en el mundo

La actual escasez de agua coincide con un momento de mayor competencia entre sectores y usuarios, fuente de conflicto y tensiones como las desatadas entre Etiopía, Sudán y Egipto tras la construcción de la Gran Presa del Renacimiento en Etiopía en el río Nilo.

Pese a que “ha habido más cooperación que conflicto por los recursos hídricos transfronterizos”, con el desarrollo de acuerdos en cuencas fluviales clave y algunas acuíferas, Ringler menciona otros problemas como las restricciones que sufren los regantes cuando se quedan sin suficiente agua o las tensiones locales entre pastores y regantes, como ocurre en la periferia del Sahel.

El Instituto de Recursos Mundiales (WRI) forma parte de una alianza que analiza la relación entre agua, paz y seguridad, y que recientemente ha alertado del desplazamiento de comunidades rurales en Irak por la disminución de los recursos hídricos, y de la crisis alimentaria en África oriental por la sequía y la inflación de los alimentos debido a la guerra en Ucrania, entre otros casos.

Según datos del WRI, un 60 % de la producción de cultivos irrigados enfrenta un estrés hídrico de alto a extremadamente alto.

La experta en datos de su programa de agua Aqueduct, Samantha Kuzma, resalta que los agricultores que operan en esas regiones propensas a la sequía pueden reducir su demanda de agua invirtiendo en un riego más eficiente, mejorando la salud del suelo y plantando cultivos resistentes a la sequía.

“Los productores no deberían librar esta batalla solos. Necesitamos herramientas como subsidios y planes de seguros para aliviar la carga financiera de los agricultores, además de una acción colectiva para ampliar estos proyectos a lo largo de la cuenca”, apunta Kuzma.

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