Según la Agencia de Noticias de la Universidad Nacional, en el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) Mariana Páez, ubicado en la vereda Quebraditas de Acacías (Meta), más de 150 familias en proceso de reincorporación tras el conflicto armado podrían contar con una alternativa de vivienda más digna, sostenible y adecuada a las condiciones del territorio: un prototipo en guadua diseñado por ingenieros de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
El modelo fue desarrollado por el Semillero de Estructuras en Madera y Bambú (Sembu) de la Facultad de Ingeniería de la UNAL, liderado por David Ayala Laverde, quien cursa el Doctorado en Estudios Ambientales. Esta propuesta de vivienda modular y liviana se adapta al calor intenso de la región, resiste sismos y puede construirse sin mano de obra especializada, lo que disminuye los costos y tiempos de edificación. Además, cumple con la norma sismorresistente colombiana.
La iniciativa nace como respuesta a las condiciones precarias en las que viven actualmente los habitantes del ETCR, quienes fueron desplazados en 2023 del municipio de Mesetas por presión de actores armados. En su nuevo asentamiento, las viviendas construidas con materiales improvisados como cemento, ladrillo y tejas de zinc presentan graves problemas de habitabilidad.
“La guadua, cuyo nombre muisca significa ‘caña gruesa del monte’, ofrece una alternativa viable y contextualizada”, señaló el investigador Ayala. Este bambú nativo, que crece en regiones como Cundinamarca, Santander, Caldas y Tolima, cuenta con una resistencia a la tracción superior a la de algunos concretos (hasta 113 megapascales) y ha sido reconocido por la Ley 2206 de 2022, conocida como “Ley de la Guadua”, la cual establece que al menos el 30 % de las viviendas rurales deben construirse con este material, aunque aún no ha sido reglamentada.
Además de su resistencia, la guadua es sostenible: alcanza su altura máxima en apenas seis meses, captura entre 12 y 25 toneladas de carbono por hectárea al año, y puede extraerse sin talar la planta, lo que permite su regeneración. Según la ingeniera agrícola Andrea Valentina Hernández, también líder del Sembu, en el Meta existen guaduales cercanos al ETCR que facilitarían su implementación local.
El prototipo desarrollado contempla protección contra la humedad y radiación solar, ventilación cruzada para mejorar el confort térmico y una mayor área construida. Según cálculos del semillero, con el mismo presupuesto destinado para una Vivienda de Interés Social (VIS) o una Vivienda de Interés Prioritario (VIP), se podría ampliar hasta en un 30 % el espacio habitable usando guadua.
Más allá de lo técnico, este proyecto representa una apuesta por la dignidad y la paz territorial. “Es una manera de transformar las condiciones de vida de una población históricamente marginada tras la firma del Acuerdo Final de Paz en 2016”, indicó Hernández.
Finalmente, la guadua no solo es útil como material de construcción, sino que también es comestible en sus primeros meses de crecimiento, lo que amplía aún más su potencial para los procesos de autosostenibilidad en el ETCR Mariana Páez.







