El invierno en Ecuador se ha caracterizado por un inicio tardío y por lluvias irregulares pero intensas en varias zonas del país, lo que ha incrementado la vulnerabilidad del suelo y el riesgo de inundaciones y deslizamientos. Provincias del Litoral, la Sierra y zonas bajas agrícolas ya presentan afectaciones debido a la saturación del subsuelo y al aumento de caudales de ríos.
En diálogo con Diario El Productor, Boris Malavé, analista en pronóstico del INAMHI, explicó que las precipitaciones se intensificarán durante los meses de febrero y marzo, periodo que representa el pico máximo del invierno en el país. Indicó que, si bien las lluvias se mantendrán en rangos normales, podrían presentarse episodios puntuales con valores superiores a lo habitual, especialmente en el Litoral ecuatoriano.
Respecto a las condiciones oceánicas, el analista aclaró que no se puede hablar de un Fenómeno de El Niño canónico (o tradicional) , ya que este implica un calentamiento a gran escala del Pacífico central y oriental. En cambio, explicó que Ecuador atraviesa un proceso de calentamiento débil frente a sus costas, conocido como calentamiento costero, luego de la salida del fenómeno de La Niña en diciembre. Este escenario, aunque más limitado, favorece el incremento de las precipitaciones en la región costera.
“El suelo ya se encuentra vulnerable. Lluvias de 50 u 80 milímetros en cortos periodos pueden generar deslizamientos, sedimentación en cuencas y desbordamientos de ríos”, advirtió Malavé, al explicar que los eventos extremos no solo dependen de la intensidad de una lluvia puntual, sino del acumulado previo que deja al terreno sin capacidad de absorción.
Las provincias más afectadas continúan siendo Los Ríos, Santo Domingo, El Oro y zonas agrícolas del Litoral, donde predominan áreas bajas destinadas a cultivos como arroz y banano, altamente susceptibles a inundaciones. Además, las lluvias en zonas altas de la Sierra, como Pichincha, influyen directamente en el incremento de los caudales que atraviesan estas provincias.
En cuanto a la duración del invierno, el INAMHI estima que las lluvias se mantendrán durante enero, febrero y marzo, con una posible prolongación hacia abril si persisten las condiciones de calentamiento débil. A partir de mayo, las precipitaciones comenzarían a disminuir gradualmente, dando paso al periodo de transición hacia la época seca.
Finalmente, el especialista recomendó a agricultores, ganaderos y pescadores mantener limpios los canales de drenaje, reforzar medidas de prevención en zonas productivas y mantenerse informados únicamente a través de los boletines oficiales del INAMHI y de las alertas emitidas por los gobiernos locales. “El invierno no se puede evitar, pero sí se puede reducir su impacto”, concluyó.










