Nuevas investigaciones sugieren que el futuro del cultivo de maíz estará determinado menos por las condiciones climáticas y más por las decisiones técnicas de manejo agronómico, como el espaciamiento entre hileras, la fertilización estratégica y la selección de híbridos eficientes.
Durante la Conferencia Agrícola del Suroeste 2026, realizada en el campus Ridgetown de la Universidad de Guelph, el investigador Fred Below, de la Universidad de Illinois, presentó resultados basados en estudios de campo a largo plazo que podrían redefinir las prácticas productivas del maíz en los próximos años.
Según el experto, la disponibilidad de nutrientes —especialmente nitrógeno— sigue siendo el principal factor que los agricultores pueden controlar para maximizar el rendimiento por hectárea. El maíz atraviesa tres etapas críticas de absorción de nutrientes, y no cubrir adecuadamente esas demandas, incluso sin síntomas visibles, puede limitar significativamente el potencial productivo.
Uno de los aspectos clave señalados fue la colocación estratégica del fertilizante. De acuerdo con Below, las raíces del maíz se expanden menos horizontalmente de lo que comúnmente se cree, por lo que aplicar nutrientes cerca del sistema radicular mejora la eficiencia en la absorción y el desempeño del cultivo.
Genética, densidad y nuevas tecnologías
El tipo de híbrido sembrado también influye de manera determinante en los resultados. Ensayos comparativos evidenciaron diferencias de hasta 50 bushels por acre entre materiales genéticos más y menos eficientes, destacando el avance en híbridos con sistemas radiculares más eficientes.
Aunque la tendencia histórica ha sido aumentar la densidad de siembra, el especialista advierte que mantener un espaciamiento tradicional de 30 pulgadas entre hileras puede convertirse en un factor limitante. En pruebas realizadas durante seis años con 160 híbridos, el uso de hileras más estrechas —de 20 pulgadas— logró incrementos promedio de 12 bushels por acre, gracias a una mejor captación de luz y un desarrollo radicular más equilibrado.
Además, tecnologías emergentes como el maíz de baja estatura podrían facilitar la adopción de estos cambios, permitiendo mayores densidades sin afectar el manejo mecánico ni aumentar la incidencia de enfermedades.
Aunque la transición hacia equipos adaptados para hileras más angostas implica costos adicionales, Below aseguró que la evidencia técnica respalda la inversión como una estrategia para mejorar la productividad y la eficiencia del cultivo en el largo plazo.
Fuente: Contexto Ganadero







