ECUADOR: Alertan deterioro de suelos bananeros por malas prácticas agrícolas

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El deterioro físico, químico y microbiológico de los suelos bananeros se ha convertido en una de las principales preocupaciones del sector agrícola ecuatoriano, debido a su impacto directo sobre la productividad, la eficiencia en la absorción de nutrientes y la mayor vulnerabilidad de las plantaciones frente a enfermedades devastadoras como Fusarium R4T y moko.

En entrevista con Diario El Productor, César Ponce Zurita, director ejecutivo de Agrorum S.A., advirtió que el uso intensivo y, en muchos casos, indiscriminado de fertilizantes químicos, herbicidas, fungicidas, nematicidas, sumado a prácticas inadecuadas de manejo del suelo están debilitando progresivamente la salud de las plantaciones bananeras en varias provincias del país.

Según explicó el especialista, uno de los principales problemas es la compactación del suelo, causada por el tránsito continuo de maquinaria y personal sobre la rizosfera que es la zona donde se concentra la mayor cantidad de raíces del banano, así como por exceso de riego, erosión laminar, limpieza excesiva de la corona de las plantas. Estas condiciones reducen la porosidad del suelo y limitan la disponibilidad de oxígeno para las raíces.

Diversos estudios agronómicos señalan que la compactación del suelo puede reducir hasta en un 40% la infiltración de agua y disminuir significativamente el desarrollo radícular, afectando la absorción de nutrientes y el vigor de las plantas. En el cultivo de banano donde más del 80% del sistema radicular se encuentra en los primeros 30 cm de suelo, cualquier transformación física tiene consecuencias directas sobre el rendimiento del cultivo.

“El suelo debe entenderse como un sistema vivo. Si afectamos sus condiciones físicas, químicas y microbiológicas, debilitamos directamente la capacidad de la planta para absorber nutrientes y defenderse de enfermedades”, señaló Ponce.

Ponce indicó que el deterioro del suelo afecta principalmente la absorción de carbono, hidrógeno y oxígeno, elementos que representan 95% de la biomasa vegetal y son fundamentales para procesos fisiológicos como la fotosíntesis y la respiración radicular. El porcentaje restante corresponde a nutrientes minerales esenciales como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre.

Otro aspecto crítico es la pérdida de materia orgánica y la biodiversidad microbiana. Ponce sostuvo que muchas prácticas culturales están deteriorando e incluso eliminando el denominado “pie de reciclaje”, compuesto por residuos vegetales. Mantener esta cobertura natural es fundamental, ya que favorece a la conservación de la humedad del suelo, regular su temperatura, mejorar la infiltración del agua y contribuir con la alimentación de la microbiota beneficia del suelo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que la degradación de los suelos agrícolas es uno de los mayores riesgos para la seguridad alimentaria global.

Además, alertó que el uso excesivo de fungicidas, bactericidas y compuestos cúpricos como sulfato de cobre pentahidratado puede eliminar microorganismos benéficos fundamentales para el equilibrio biológico del suelo.

“Las enfermedades oportunistas como Fusarium o Ralstonia proliferan con más facilidad cuando existen suelos deteriorados, compactados y desequilibrados microbiológicamente”, afirmó.

La presencia de Fusarium en Ecuador es preocupante debido a que es considerada actualmente una de las enfermedades más destructivas para el banano a nivel mundial. La FAO señala que este hongo puede permanecer activo en el suelo durante más de 30 años y causar pérdidas totales en plantaciones afectadas. Además, no existe un tratamiento químico efectivo para erradicarlo una vez establecido

La problemática, según Agrorum, se presenta tanto en pequeños como grandes productores y tiene mayor incidencia en zonas con altas precipitaciones y topografías complejas, especialmente en la provincia de Los Ríos.

Frente a este escenario, el especialista destacó la necesidad de avanzar hacia esquemas de agricultura regenerativa, manejo y conservación de suelos, así como realizar análisis integrales que incluyan parámetros físicos, químicos y microbiológicos.

La transición hacia modelos regenerativos representa uno de los principales desafíos para el sector bananero ecuatoriano, especialmente en un contexto de creciente presión fitosanitaria, degradación ambiental y exigencias internacionales de sostenibilidad.

Ponce explicó que actualmente existen metodologías avanzadas para medir densidad, compactación, materia orgánica, biodiversidad microbiana y emisión de CO2 del suelo, herramientas que permiten diagnosticar con mayor precisión el estado real de las plantaciones.

“El análisis de suelo ya no puede limitarse únicamente a nitrógeno, fósforo y potasio. Hoy se necesita entender el comportamiento físico y microbiológico para prevenir pérdidas productivas y enfermedades”, concluyó.

 

 

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El deterioro físico, químico y microbiológico de los suelos bananeros se ha convertido en una de las principales preocupaciones del sector agrícola ecuatoriano, debido a su impacto directo sobre la productividad, la eficiencia en la absorción de nutrientes y la mayor vulnerabilidad de las plantaciones frente a enfermedades devastadoras como Fusarium R4T y moko.
En entrevista con Diario El Productor, César Ponce Zurita, director ejecutivo de Agrorum S.A., advirtió que el uso intensivo y, en muchos casos, indiscriminado de fertilizantes químicos, herbicidas, fungicidas, nematicidas, sumado a prácticas inadecuadas de manejo del suelo están debilitando progresivamente la salud de las plantaciones bananeras en varias provincias del país. Según explicó el especialista, uno de los principales problemas es la compactación del suelo, causada por el tránsito continuo de maquinaria y personal sobre la rizosfera que es la zona donde se concentra la mayor cantidad de raíces del banano, así como por exceso de riego, erosión laminar, limpieza excesiva de la corona de las plantas. Estas condiciones reducen la porosidad del suelo y limitan la disponibilidad de oxígeno para las raíces. Diversos estudios agronómicos señalan que la compactación del suelo puede reducir hasta en un 40% la infiltración de agua y disminuir significativamente el desarrollo radícular, afectando la absorción de nutrientes y el vigor de las plantas. En el cultivo de banano donde más del 80% del sistema radicular se encuentra en los primeros 30 cm de suelo, cualquier transformación física tiene consecuencias directas sobre el rendimiento del cultivo. “El suelo debe entenderse como un sistema vivo. Si afectamos sus condiciones físicas, químicas y microbiológicas, debilitamos directamente la capacidad de la planta para absorber nutrientes y defenderse de enfermedades”, señaló Ponce. Ponce indicó que el deterioro del suelo afecta principalmente la absorción de carbono, hidrógeno y oxígeno, elementos que representan 95% de la biomasa vegetal y son fundamentales para procesos fisiológicos como la fotosíntesis y la respiración radicular. El porcentaje restante corresponde a nutrientes minerales esenciales como nitrógeno, fósforo, potasio, calcio, magnesio y azufre. Otro aspecto crítico es la pérdida de materia orgánica y la biodiversidad microbiana. Ponce sostuvo que muchas prácticas culturales están deteriorando e incluso eliminando el denominado “pie de reciclaje”, compuesto por residuos vegetales. Mantener esta cobertura natural es fundamental, ya que favorece a la conservación de la humedad del suelo, regular su temperatura, mejorar la infiltración del agua y contribuir con la alimentación de la microbiota beneficia del suelo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que la degradación de los suelos agrícolas es uno de los mayores riesgos para la seguridad alimentaria global. Además, alertó que el uso excesivo de fungicidas, bactericidas y compuestos cúpricos como sulfato de cobre pentahidratado puede eliminar microorganismos benéficos fundamentales para el equilibrio biológico del suelo. “Las enfermedades oportunistas como Fusarium o Ralstonia proliferan con más facilidad cuando existen suelos deteriorados, compactados y desequilibrados microbiológicamente”, afirmó. La presencia de Fusarium en Ecuador es preocupante debido a que es considerada actualmente una de las enfermedades más destructivas para el banano a nivel mundial. La FAO señala que este hongo puede permanecer activo en el suelo durante más de 30 años y causar pérdidas totales en plantaciones afectadas. Además, no existe un tratamiento químico efectivo para erradicarlo una vez establecido La problemática, según Agrorum, se presenta tanto en pequeños como grandes productores y tiene mayor incidencia en zonas con altas precipitaciones y topografías complejas, especialmente en la provincia de Los Ríos. Frente a este escenario, el especialista destacó la necesidad de avanzar hacia esquemas de agricultura regenerativa, manejo y conservación de suelos, así como realizar análisis integrales que incluyan parámetros físicos, químicos y microbiológicos. La transición hacia modelos regenerativos representa uno de los principales desafíos para el sector bananero ecuatoriano, especialmente en un contexto de creciente presión fitosanitaria, degradación ambiental y exigencias internacionales de sostenibilidad. Ponce explicó que actualmente existen metodologías avanzadas para medir densidad, compactación, materia orgánica, biodiversidad microbiana y emisión de CO2 del suelo, herramientas que permiten diagnosticar con mayor precisión el estado real de las plantaciones. “El análisis de suelo ya no puede limitarse únicamente a nitrógeno, fósforo y potasio. Hoy se necesita entender el comportamiento físico y microbiológico para prevenir pérdidas productivas y enfermedades”, concluyó.