El Gobierno de Brasil actualizó el Zoneamiento Agrícola de Riesgo Climático (ZARC) para el cultivo de maíz, incorporando una nueva clasificación de suelos y series climáticas históricas con el fin de mejorar la planificación de las siembras frente a la creciente variabilidad del clima. La información fue publicada en la página web del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Brasil.
Las nuevas disposiciones fueron publicadas en el Diario Oficial de la Unión (DOU) y contemplan una revisión de la clasificación de los suelos de acuerdo con su capacidad de retención de agua, así como la actualización de los registros climáticos utilizados para evaluar el riesgo agrícola.
La actualización responde al incremento de fenómenos meteorológicos extremos registrados en los últimos años, entre ellos sequías prolongadas y lluvias intensas, que afectan el desarrollo de los cultivos y elevan el riesgo para los productores.
Para determinar los niveles de riesgo, el ZARC utiliza series de datos meteorológicos de los últimos 30 años, que incluyen temperaturas máximas, mínimas y medias, precipitaciones y evapotranspiración de referencia. A esta información se suman variables relacionadas con las características del cultivo y las condiciones del suelo.
Uno de los principales cambios es la adopción de seis categorías de disponibilidad de agua en el suelo, identificadas como AD1 a AD6, que reemplazan la clasificación anterior basada en tres grupos de suelos. Este nuevo sistema permite una caracterización más detallada de los ambientes de producción, considerando la capacidad real de almacenamiento de agua y no únicamente la textura del suelo.
La actualización también incorpora información procedente de un mayor número de estaciones meteorológicas, lo que mejora la precisión de las series históricas utilizadas para definir las épocas de siembra con menor riesgo climático en las diferentes regiones productoras del país.
El ZARC es una herramienta técnica empleada en Brasil para orientar a los productores sobre las ventanas de siembra más adecuadas y reducir las pérdidas ocasionadas por eventos climáticos adversos, además de servir como referencia para programas de crédito y seguros agrícolas.







