martes, 17 marzo 2026.
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La acuicultura supera a la pesca y se consolida como la gran fuente de mariscos y peces a nivel mundial

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El consumo de mariscos cultivados crece cada año, consolidando a la acuicultura como una respuesta clave frente a la sobrepesca y una fuente esencial para la seguridad alimentaria mundial.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2023 se produjeron cerca de 99 millones de toneladas de animales acuáticos cultivados, cifra cinco veces mayor que hace tres décadas. Desde 2022, la cría de peces, moluscos y crustáceos ha superado progresivamente a la pesca extractiva, aunque con marcadas diferencias según las especies.

Entre los productos más comercializados, la carpa y la tilapia dominan el mercado de agua dulce, mientras que especies como el arenque provienen exclusivamente de la pesca de altura. En Europa, el salmón del Atlántico lidera el cultivo con 1,9 millones de toneladas en 2023, de las cuales el 99 % procedieron de sistemas controlados.

? Asia encabeza la producción mundial
El continente asiático concentra el 92 % de la producción acuícola global, con especies cultivadas desde hace siglos como la carpa, que forman parte de tradiciones culturales y alimentarias.

Por otro lado, especies como la sardina y el arenque siguen dependiendo de la pesca debido a su lento crecimiento, lo que hace poco rentable su cultivo.

? El papel de las algas en la acuicultura
Un capítulo aparte merece el cultivo de algas marinas, que ya representan casi un tercio de la producción mundial. Su producción aumentó un 200 % en dos décadas y alcanzó 38 millones de toneladas en 2023, destinadas principalmente a las industrias de alimentos, farmacéutica y cosmética.

Además de su valor económico, las algas son aliadas ambientales: absorben CO?, nitrógeno y contaminantes, convirtiéndose en una alternativa más sostenible frente al cultivo intensivo de peces como el salmón.

Con estos datos, la acuicultura no solo emerge como una actividad estratégica para garantizar el suministro de alimentos, sino también como un motor de sostenibilidad y seguridad alimentaria en un planeta que busca equilibrar el consumo con la conservación de sus recursos marinos.

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El consumo de mariscos cultivados crece cada año, consolidando a la acuicultura como una respuesta clave frente a la sobrepesca y una fuente esencial para la seguridad alimentaria mundial.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2023 se produjeron cerca de 99 millones de toneladas de animales acuáticos cultivados, cifra cinco veces mayor que hace tres décadas. Desde 2022, la cría de peces, moluscos y crustáceos ha superado progresivamente a la pesca extractiva, aunque con marcadas diferencias según las especies.

Entre los productos más comercializados, la carpa y la tilapia dominan el mercado de agua dulce, mientras que especies como el arenque provienen exclusivamente de la pesca de altura. En Europa, el salmón del Atlántico lidera el cultivo con 1,9 millones de toneladas en 2023, de las cuales el 99 % procedieron de sistemas controlados.

? Asia encabeza la producción mundial
El continente asiático concentra el 92 % de la producción acuícola global, con especies cultivadas desde hace siglos como la carpa, que forman parte de tradiciones culturales y alimentarias.

Por otro lado, especies como la sardina y el arenque siguen dependiendo de la pesca debido a su lento crecimiento, lo que hace poco rentable su cultivo.

? El papel de las algas en la acuicultura
Un capítulo aparte merece el cultivo de algas marinas, que ya representan casi un tercio de la producción mundial. Su producción aumentó un 200 % en dos décadas y alcanzó 38 millones de toneladas en 2023, destinadas principalmente a las industrias de alimentos, farmacéutica y cosmética.

Además de su valor económico, las algas son aliadas ambientales: absorben CO?, nitrógeno y contaminantes, convirtiéndose en una alternativa más sostenible frente al cultivo intensivo de peces como el salmón.

Con estos datos, la acuicultura no solo emerge como una actividad estratégica para garantizar el suministro de alimentos, sino también como un motor de sostenibilidad y seguridad alimentaria en un planeta que busca equilibrar el consumo con la conservación de sus recursos marinos.