martes, 17 marzo 2026.
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La guerra de Irán provoca retrasos en las rutas de comercio marítimo y presiona los precios

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Se aplazan hasta 14 días algunos desplazamientos, y eso tensiona parte de la producción

El conflicto bélico en Oriente Próximo sigue su curso. De hecho, parece que estuviera en una fase de estancamiento pese a que se inició apenas hace dos semanas. Su principal impacto hasta el momento es en materia energética y, en concreto, en un alza de precios en los carburantes, principalmente. Pero el golpe va mucho más allá. De hecho, ya está provocando retrasos –de entre 10 y 14 días– en los flujos de comercio marítimo.

En general, todo el tráfico que entra o sale del golfo Pérsico (Emiratos Árabes, Arabia Saudí, Qatar…) que requiera infraestructura de carga especializada, ya sea en materia energética o de contenedores, son los principales afectados. Por si fuera poco, recuperar la normalidad tras el conflicto llevará de dos a tres meses.

Así lo explica a este periódico el CEO de Pérez y Cía., Gonzalo Pérez-Maura, que estima en esas dos semanas los retrasos que ya se están produciendo. Esta situación provoca un efecto en cadena con mayores costes de combustible, aumentos en los seguros de guerra, así como congestión portuaria y falta de capacidad. Entre los principales sectores afectados se encuentran los relacionados con la electrónica de consumo, farmacéuticas, automoción y bienes refrigerados.

El directivo de la empresa de servicio navieros recuerda que esta situación provoca un efecto cascada: «menos buques disponibles en otras líneas; subida de fletes». Según ha podido confirmar este medio con diversos sectores productivos afectados; sobre todo, por el uso de elementos electrónicos, por ahora están pudiendo desempeñar con relativa normalidad su trabajo, pero todos coinciden en que ya se empiezan a registrar retrasos en la entrega de determinadas piezas o material.

También comparten que las peores consecuencias están por llegar si el conflicto se enquista más de lo debido. Las fuentes consultadas asumen que si los problemas en Oriente Próximo se extienden en el tiempo, el impacto por los retrasos en el comercio marítimo irán en aumento, y lo que ahora son tensiones de precios y producción, podría trasladarse al propio ‘stock’.

Dos tipos de problemas

Ahora mismo el impacto se divide en dos. Por un lado, todo lo relacionado con la energía, donde el golpe está siendo inmediato, y, por otro, en las rutas del comercio global de contenedores. En este segundo caso, Pérez-Maura se muestra más optimista pese a todo.

Estima que «existe sobrecapacidad en el sector, lo que sirve para amortiguar posibles interrupciones del servicio o desequilibrios de equipamiento en puertos de origen-destino». Con los problemas de tránsito todavía en el canal de Suez donde algunas navieras como Maersk y Hapag-Lloyd, que forman la alianza Gemini, habían anunciado ya su vuelta hace apenas unas semanas, ahora todo se enquista. «El principal impacto más inmediato vendrá en el incremento de fletes por la subida de costes en el combustible por mantener la ruta del cabo de Buena Esperanza plenamente operativa», sostiene el experto.

2 a 3 meses

El tiempo de recuperación para los flujos del comercio marítimo una vez que se recupera la normalidad puede llegar al trimestre

Aunque el gran golpe es para la energía. El directivo asegura que «las rutas de energía (crudo y GNL) sí se ven afectadas de forma muy significativa, ya que aproximadamente el 20% de la carga mundial de esta categoría cruza por el estrecho de Ormuz».

Sostiene que «existen oleoductos en Arabia Saudí que conectan el golfo Pérsico con el mar Rojo, pero no son capaces de absorber todo el volumen de exportación de los países de la región (Irak, Kuwait, Qatar…). Esta es la razón por la que la AIE y el G-7 están haciendo esfuerzos para liberar reservas estratégicas de crudo que permitan suplir este déficit en el mercado y tratar de paliar las subidas en el precio del petróleo y del gas natural. Cuanto más tiempo permanezca interrumpido el flujo en esta ruta, mayor será la presión al alza en los precios de las materias primas»

El gran problema a nivel energético es que una quinta parte del crudo mundial circula por el estrecho de Ormuz

En cuanto a la tipología de los cargamentos, más allá de la energía, tienen una alta importancia los fertilizantes, un tercio del comercio mundial de urea pasa por Ormuz. También es significativo el aluminio, azúcar y productos derivados del petróleo (plásticos, combustibles de aviación…).

El problema es que los retrasos o problemas derivados del transporte suponen riesgos secundarios graves: inflación alimentaria (fertilizantes), disrupciones en industria y sector farmacéutico. Pérez-Maura también recuerda que «los contenedores con bienes de alto valor o perecederos preocupan menos por volumen, pero sí por demoras ‘just-in-time’. El miedo real es el efecto económico global: precios de la energía más inflación.

Escenario complejo

Lo peor para esta situación es que, por el momento, el horizonte no resulta esperanzador. Además, el barril de Brent se ha asentado por encima de los 100 dólares, y se ha asumido como algo normal. Lo mismo sucede con el gas, la referencia del TTF holandés está por encima de los 50 €/MWh, y se ha normalizado.

Asimismo, ahora está habiendo movimientos militares en enclaves muy estratégicos. Así, los analistas de XTB estiman que «el conflicto sigue proyectando riesgos directos sobre la oferta energética mundial. La isla de Jark, frente a la costa iraní, canaliza aproximadamente nueve de cada diez barriles de crudo que exporta Irán, en su mayoría con destino a China. Si continuaran los ataques a esa infraestructura, el impacto sobre las cadenas globales de suministro sería inmediato y potencialmente impredecible».

En el inicio de la tercera semana de guerra el barril de Brent parece haber normalizado su coste por encima de los 100 dólares

En paralelo, sostienen los expertos, «siguen sobre la mesa varios escenarios de escalada. Uno sería la localización y destrucción o extracción de reservas de uranio enriquecido que Irán todavía podría conservar, probablemente en instalaciones fuertemente protegidas y difíciles de alcanzar».

«Otro escenario sería una operación destinada a tomar o inutilizar la infraestructura energética de Jark, lo que supondría un golpe directo a la capacidad exportadora iraní. Un tercer frente sería una operación encubierta para apoyar a la oposición interna iraní», explican los analistas. Todos estos escenarios implican riesgos elevados, pero el que más preocupa a los mercados por su impacto inmediato sigue siendo el energético.

PUBLICADO POR : https://www.abc.es/economia

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Se aplazan hasta 14 días algunos desplazamientos, y eso tensiona parte de la producción

El conflicto bélico en Oriente Próximo sigue su curso. De hecho, parece que estuviera en una fase de estancamiento pese a que se inició apenas hace dos semanas. Su principal impacto hasta el momento es en materia energética y, en concreto, en un alza de precios en los carburantes, principalmente. Pero el golpe va mucho más allá. De hecho, ya está provocando retrasos –de entre 10 y 14 días– en los flujos de comercio marítimo.

En general, todo el tráfico que entra o sale del golfo Pérsico (Emiratos Árabes, Arabia Saudí, Qatar…) que requiera infraestructura de carga especializada, ya sea en materia energética o de contenedores, son los principales afectados. Por si fuera poco, recuperar la normalidad tras el conflicto llevará de dos a tres meses.

Así lo explica a este periódico el CEO de Pérez y Cía., Gonzalo Pérez-Maura, que estima en esas dos semanas los retrasos que ya se están produciendo. Esta situación provoca un efecto en cadena con mayores costes de combustible, aumentos en los seguros de guerra, así como congestión portuaria y falta de capacidad. Entre los principales sectores afectados se encuentran los relacionados con la electrónica de consumo, farmacéuticas, automoción y bienes refrigerados.

El directivo de la empresa de servicio navieros recuerda que esta situación provoca un efecto cascada: «menos buques disponibles en otras líneas; subida de fletes». Según ha podido confirmar este medio con diversos sectores productivos afectados; sobre todo, por el uso de elementos electrónicos, por ahora están pudiendo desempeñar con relativa normalidad su trabajo, pero todos coinciden en que ya se empiezan a registrar retrasos en la entrega de determinadas piezas o material.

También comparten que las peores consecuencias están por llegar si el conflicto se enquista más de lo debido. Las fuentes consultadas asumen que si los problemas en Oriente Próximo se extienden en el tiempo, el impacto por los retrasos en el comercio marítimo irán en aumento, y lo que ahora son tensiones de precios y producción, podría trasladarse al propio 'stock'.

Dos tipos de problemas

Ahora mismo el impacto se divide en dos. Por un lado, todo lo relacionado con la energía, donde el golpe está siendo inmediato, y, por otro, en las rutas del comercio global de contenedores. En este segundo caso, Pérez-Maura se muestra más optimista pese a todo.

Estima que «existe sobrecapacidad en el sector, lo que sirve para amortiguar posibles interrupciones del servicio o desequilibrios de equipamiento en puertos de origen-destino». Con los problemas de tránsito todavía en el canal de Suez donde algunas navieras como Maersk y Hapag-Lloyd, que forman la alianza Gemini, habían anunciado ya su vuelta hace apenas unas semanas, ahora todo se enquista. «El principal impacto más inmediato vendrá en el incremento de fletes por la subida de costes en el combustible por mantener la ruta del cabo de Buena Esperanza plenamente operativa», sostiene el experto.

2 a 3 meses

El tiempo de recuperación para los flujos del comercio marítimo una vez que se recupera la normalidad puede llegar al trimestre

Aunque el gran golpe es para la energía. El directivo asegura que «las rutas de energía (crudo y GNL) sí se ven afectadas de forma muy significativa, ya que aproximadamente el 20% de la carga mundial de esta categoría cruza por el estrecho de Ormuz».

Sostiene que «existen oleoductos en Arabia Saudí que conectan el golfo Pérsico con el mar Rojo, pero no son capaces de absorber todo el volumen de exportación de los países de la región (Irak, Kuwait, Qatar…). Esta es la razón por la que la AIE y el G-7 están haciendo esfuerzos para liberar reservas estratégicas de crudo que permitan suplir este déficit en el mercado y tratar de paliar las subidas en el precio del petróleo y del gas natural. Cuanto más tiempo permanezca interrumpido el flujo en esta ruta, mayor será la presión al alza en los precios de las materias primas»

El gran problema a nivel energético es que una quinta parte del crudo mundial circula por el estrecho de Ormuz

En cuanto a la tipología de los cargamentos, más allá de la energía, tienen una alta importancia los fertilizantes, un tercio del comercio mundial de urea pasa por Ormuz. También es significativo el aluminio, azúcar y productos derivados del petróleo (plásticos, combustibles de aviación…).

El problema es que los retrasos o problemas derivados del transporte suponen riesgos secundarios graves: inflación alimentaria (fertilizantes), disrupciones en industria y sector farmacéutico. Pérez-Maura también recuerda que «los contenedores con bienes de alto valor o perecederos preocupan menos por volumen, pero sí por demoras 'just-in-time'. El miedo real es el efecto económico global: precios de la energía más inflación.

Escenario complejo

Lo peor para esta situación es que, por el momento, el horizonte no resulta esperanzador. Además, el barril de Brent se ha asentado por encima de los 100 dólares, y se ha asumido como algo normal. Lo mismo sucede con el gas, la referencia del TTF holandés está por encima de los 50 €/MWh, y se ha normalizado.

Asimismo, ahora está habiendo movimientos militares en enclaves muy estratégicos. Así, los analistas de XTB estiman que «el conflicto sigue proyectando riesgos directos sobre la oferta energética mundial. La isla de Jark, frente a la costa iraní, canaliza aproximadamente nueve de cada diez barriles de crudo que exporta Irán, en su mayoría con destino a China. Si continuaran los ataques a esa infraestructura, el impacto sobre las cadenas globales de suministro sería inmediato y potencialmente impredecible».

En el inicio de la tercera semana de guerra el barril de Brent parece haber normalizado su coste por encima de los 100 dólares

En paralelo, sostienen los expertos, «siguen sobre la mesa varios escenarios de escalada. Uno sería la localización y destrucción o extracción de reservas de uranio enriquecido que Irán todavía podría conservar, probablemente en instalaciones fuertemente protegidas y difíciles de alcanzar».

«Otro escenario sería una operación destinada a tomar o inutilizar la infraestructura energética de Jark, lo que supondría un golpe directo a la capacidad exportadora iraní. Un tercer frente sería una operación encubierta para apoyar a la oposición interna iraní», explican los analistas. Todos estos escenarios implican riesgos elevados, pero el que más preocupa a los mercados por su impacto inmediato sigue siendo el energético.

PUBLICADO POR : https://www.abc.es/economia