En medio de la creciente tensión geopolítica internacional, marcada por las amenazas de Donald Trump hacia Irán y el riesgo de una escalada en el Golfo, los mercados globales comienzan a reflejar un nuevo ciclo de encarecimiento de insumos. Uno de los sectores más sensibles a este escenario es el agro, debido a su alta dependencia de combustibles y fertilizantes derivados del petróleo.
La situación recuerda los efectos provocados por la Invasión rusa de Ucrania, cuando el alza de los precios energéticos generó una crisis global de fertilizantes y presiones inflacionarias en múltiples economías, incluyendo Ecuador.
En diálogo con Diario El Productor, el analista económico Alberto Acosta Burneo advirtió que el impacto inmediato para el sector agropecuario ecuatoriano ya se siente a través del incremento en los costos de producción.
“El principal efecto viene por el lado de los derivados del petróleo. Si el crudo supera los 100 dólares por barril, los fertilizantes suben fuertemente de precio”, explicó. A esto se suman otros insumos esenciales como plásticos utilizados en agroexportación, así como el aumento en los fletes marítimos y el transporte interno, impulsados por el encarecimiento del diésel y las gasolinas.
Según el experto, este escenario genera un efecto directo sobre la competitividad del agro ecuatoriano, al elevar los costos en toda la cadena productiva. “La producción se encarece y eso complica la capacidad de competir en mercados internacionales”, señaló.
Frente a un contexto global que Ecuador no puede controlar, Acosta Burneo subrayó que la única respuesta viable para los productores es profundizar en eficiencia y competitividad. “Se deben buscar ahorros y optimizar el uso de recursos. Es la única forma de reducir el impacto”, afirmó, aunque reconoció que no es un proceso sencillo.
El analista también advirtió que, de prolongarse el conflicto, el país enfrentaría un fenómeno de inflación importada, similar al registrado en 2022, cuando los precios al consumidor superaron el 4%. Esto implicaría un encarecimiento general del costo de vida, afectando el poder adquisitivo y ralentizando el crecimiento económico.
“La población se empobrece porque el dinero alcanza para menos, y eso termina debilitando la producción y el consumo”, explicó.
Aunque aún no existen estimaciones oficiales de pérdidas, la incertidumbre domina el panorama. El desenlace del conflicto dependerá en gran medida de la evolución de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, así como de las presiones internas en la economía estadounidense.
En este contexto, el especialista insistió en que, si bien Ecuador no puede evitar estos choques externos, sí puede prepararse para mitigarlos mediante mejoras tecnológicas, eficiencia energética y un uso más racional de insumos estratégicos como fertilizantes y combustibles.
“El impacto será inevitable, pero se puede reducir si el sector se vuelve más eficiente”, concluyó.







