Cuando se decide evaluar el año arrocero 2016 en Ecuador, solo podemos repetir lo mismo que toda la vida hemos escuchado, “un año diferente al resto”; pero si  profundizamos en el análisis podemos ver que las diferencias pueden marcar un nuevo escenario, considerando que los factores continúen la tendencia actual.

La cosecha de invierno, especialmente la de los Ríos, tan explosiva, con precios bajos, sin suficiente capacidad de recepción, con exportaciones,  empezamos a olvidarla y vemos una cosecha reducida, con precios superiores, bajo rendimiento en campo y piladora, pero que favorecen al abastecimiento interno.

La veranera, se presenta cada vez más interesante con una productividad y la calidad del grano mejorada. La seguridad que da esta cosecha motiva al agricultor a incrementar su área de siembra. Este cambio durante el verano podría ser el futuro excedente exportable que necesitamos para retomar el aporte al país con el ingreso de divisas y a la vez generaría el candado natural y efectivo para disminuir el contrabando proveniente del Perú.

Nuestros vecinos son parte activa en el futuro del país y es necesario que no los perdamos de vista para tomar las decisiones necesarias.

Colombia, principal destino de nuestro producto con las modalidades de exportaciones formales y el comercio de frontera, se ha visto afectada debido a la devaluación de la moneda colombiana que encarece nuestro arroz para el consumidor colombiano.

El avance en el acuerdo de paz de Colombia, ha liberado zonas potencialmente arroceras que van a reducir el déficit interno y llegaría a generar excedentes que podrían enviarse a Ecuador en un futuro de mediano plazo.

Perú por su parte continúa incrementando zonas de siembra en la selva e instalando piladoras en estas áreas con el claro objetivo de abastecer de las variedades preferidas por Azuay, Loja, Oro y en rápido crecimiento Pichincha. Un mercado que no cubre su consumo interno con producto nacional pero que posee acuerdos de libre comercio que les permite generar excedentes sin límite que empujan su producción limitada interna hacia Ecuador.

Un factor regulatorio que en primera impresión puede resultar atractivo son “los precios de sustentación”, pero que luego de ponerlos en práctica tenemos un resultado adverso; y es que son esquemas estáticos ante un mercado dinámico que durante sus desfases da el espaldarazo al contrabando con la diferencia alta de precios y en otros momentos nos deja cruzados de brazos sin exportar mientras vemos el mercado saturado con productores y piladores desesperados, siendo el resultado final el caos posterior y confrontación entre todos los actores en búsqueda del gran culpable.

El mercado siempre presenta amenazas, sin embargo, si continuamos trabajando empeñosamente, conscientes que llevamos adelante un negocio y todo depende de lo bien que hagamos las cosas, entonces nuestro camino estará lleno de oportunidades. Perú y Colombia mantienen un déficit de arroz de cerca de 11 millones de quintales por lo que debiéramos sentirnos afortunados de nuestra ubicación geográfica.

Por nuestra parte los  piladores debemos de  afinar todos nuestros sentidos y sumar la experiencia que tenemos para definir los cambios internos e inversiones para adaptarnos al nuevo esquema de negocio propuesto por el clima y el mercado en general; los cambios no son fáciles pero tampoco serán impedimento para que nos adaptemos en búsqueda del bienestar.

El 2017 se muestra expectante porque sabemos que el agricultor ahora no depende solo de las lluvias, valora del uso de la semilla certificada y ha mejorado el manejo de su cultivo cambiando la época de siembra, manejo de suelos, uso de paquetes tecnológicos entre otros.

Somos un sector cada vez más sabio producto de épocas duras y aporte de conocimientos técnicos a nuestras tareas; solo nos falta unos pasos más, mucho positivismo y sobre todo entrega diaria.

Autor

Javier Chon Lama MBA

Presidente Corporación de Industriales Arroceros del Ecuador CORPCOM

 

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