Para producir productos orgánicos, hay que empezar desde la misma tierra.

Por lo regular, no solemos preguntarnos de dónde viene lo que comemos o cuáles son los procesos por los que nuestros alimentos tienen que pasar para ser lo que son. En el caso de los productos orgánicos tales como frutas y verduras, la tierra es la base de todo para que puedan crecer de la forma más pura posible; y para esto, hay que prepararla.

Lograr que la tierra esté lista para cultivar productos orgánicos en un proceso largo que toma tres años. El proceso consiste en ir incrementando la fertilidad de la tierra.

La tierra orgánica es la unión de:

  • Una parte mineral, inerte: son los restos de rocas que se han ido desintegrando hasta formar partículas de arcilla, limos y arenas.
  • La materia orgánica: son los restos de animales y vegetales (pastos, ramas, huesos, hojas etc.) que son transformados en humus gracias a la acción de los organismos y microorganismos (bacterias, hongos, etc.) que viven en el suelo.
  • La lombriz: es un gran auxiliar en este proceso pues, al cavar galerías airea la tierra y, al ingerirla constantemente, su organismo la va convirtiendo en un fertilizante natural.

Los productos cultivados durante el primer año no pueden ser tomados como orgánicos pues la tierra apenas está iniciando el proceso de limpiarse y recuperar sus minerales y nutrientes.

Para el segundo año, ya pueden ser declarados como “en conversión”, aún así, siguen sin ser tomados como orgánicos.

Hasta el tercer año, finalmente ese producto puede ser considerado completamente orgánico. No obstante, y dependiendo del tipo de químicos encontrados en una tierra cultivada anteriormente de forma no orgánica, el proceso de “purificación” de la misma pueda tardar hasta ocho años.

Lograr la fertilidad natural de la tierra es una parte muy importante de la agricultura orgánica. Como puedes ver, para cultivar productos orgánicos no solo se trata de tener las semillas adecuadas, sino de tener la tierra en óptimas condiciones para poder aportarle nutrientes a nuestros alimentos.

Por: Alejandra Nicol

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