La micro producción nacional es vulnerable ante escasez de fuentes hídricas, la resiliencia agrícola es clave para garantizar la seguridad alimentaria.

La crisis del agua ya tiene efectos a nivel mundial, y Guatemala no es la excepción. Ante ese desafío el país cuenta con pocos estudios hídricos que reflejen la magnitud del problema que de no tratarse a tiempo pone en riesgo la seguridad alimentaria de miles de familias.

Pero, para subsanar el complejo escenario de escasez, es clave el impulso para una mejor gestión sostenible y resiliente, concluyó La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés), luego de presentar los resultados del estudio: La microcuenca del río Los Amates -cuenca del río Grande Zacapa-, en Guatemala.

Entre los principales problemas detectados, está el déficit hídrico o que se incrementa con la escasez de lluvias y la contaminación y degradación de los suelos.

En opinión de Ricardo Rapallo, representante de la FAO en Guatemala estos efectos tienen también un reflejo muy concreto para los productores de la agricultura familiar, que basan sus estrategias de vida en actividades relacionadas con la disponibilidad de agua.

Este el caso de muchas familias de San Luis Jilotepeque y San Pedro Pinula donde se ubica la microcuenca del río Los Amates  los índices de pobreza son muy altos -80.7% y 63.9% respectivamente-, los ingresos provienen principalmente de la agricultura: maíz y frijol en la parte baja y media de la microcuenca; café, jocote de corona y banano principalmente en la parte alta.

Problema es crónico

El 82% de la población incluida en el estudio afirmaron que el problema de escasez de agua es muy grande.

El 66% de las personas entrevistadas indicó que hay mucha o regular dependencia del agua subterránea para el abastecimiento de hogares y para la producción agrícola; el 34% de la población piensa que la dependencia es poca o nula, debido a que en muchos casos desconocen la fuente de agua que les abastece o porque la fuente de agua es directamente el río.

En la microcuenca del río Los Amates, el problema del agua es crónico a nivel de cantidad de recurso hídrico -escasez de lluvias y falta de acceso al agua-.

Dicho déficit hídrico impacta en los sistemas agrícolas en la microcuenca que dependen principalmente del régimen de lluvias para la producción de alimentos y de productos vegetales para la comercialización, con lo cual la seguridad alimentaria y nutricional y la resiliencia climática están comprometidas por las condiciones del régimen natural de la cuenca hidrográfica.

La microcuenca refleja las condiciones propias de las microcuencas que se encuentran en el Corredor Seco,  por ejemplo, los niveles de recarga hídrica, la vocación productiva del territorio, los medios de vida de sus habitantes, problemas derivados de contaminación e, incluso, la división administrativa y geográfica. Cada microcuenca en el país cuenta con particularidades, pero en este caso hay hallazgos y soluciones que pueden utilizarse en otras muchas microcuencas de esta región, refirió Rapallo.

Las buenas prácticas agropecuarias implementadas por las familias dentro del plan de manejo de la microcuenca se desarrollaron en un 80% en terrenos arrendados. (Foto Prensa Libre: Cortesía FAO Guatemala)

Se consultó al Ministerio de Agricultura sobre los planes de inversión relacionados a la seguridad hídrica, pero al cierre de esta edición no atendieron la solicitud.

Dependencia de la lluvia

Alex Guerra, director general del Instituto Privado de Investigación sobre Cambio Climático -ICC- comentó que  la agricultura de Guatemala, especialmente la de pequeña escala, es altamente vulnerable porque depende de la lluvia como fuente de agua.

Por lo anterior, ante cualquier atraso en la llegada de las lluvias, en la intensidad de la canícula, exceso o escasez de lluvia, tiene impactos inmediatos en la agricultura.

“Uno de los principales desafíos consiste en proveer de sistemas de riego a los agricultores, pero debe ir atado al almacenamiento de agua -tanques, reservorios de distintos tamaños-, porque de otra manera se pondrá mayor presión sobre los ríos y lagos, aumentando la conflictividad”, expresó Guerra.

Otro tema importante, según el director del ICC es la conservación de suelos, especialmente en los lugares de pendientes altas y medianas, puesto que se da la erosión y así, se pierde fertilidad de la tierra, haciendo necesario un mayor uso de fertilizantes y aumentando los costos de producción.

Según Giovanni González, especialista en manejo integrado de cuencas del ICC se debe considerar en el proceso de planificación en otras microcuencas que se respalden en las experiencias de los planes elaborados como en la de Los Amates.

González, agregó que es importante el manejo de las microcuencas de la parte alta porque son las que más aportan a la recarga hídrica y es en donde se encuentra la mayor concentración de la población del país.

Cuando los habitantes de una cuenca discuten y acuerdan el manejo sostenible del recurso hídrico, los resultados pueden ser múltiples y positivos para las comunidades concluyó el estudio de la FAO en Guatemala.

Falta camino por recorrer

Carla Caballeros, directora ejecutiva de la Cámara del Agro agregó que factores como el cambio climático y los fenómenos naturales como las tormentas que provocan inundaciones, o por el otro lado, sequías por la falta de lluvia en algunos lugares. La degradación de los suelos en algunos lugares por falta de capacitación en buenas prácticas agrícolas, y la proliferación de plagas o enfermedades no permiten lograr la resiliencia agrícola que el país necesita.

Por lo tanto, es necesario que el gobierno invierta en capacitación de buenas prácticas agrícolas, programas de riego a nivel nacional para el pequeño productor, impulso de la Innovación agrícola, programas de conservación, inversión en tecnología para estaciones climáticas y plantas de tratamiento de los desechos municipales a nivel nacional para reducir los niveles de contaminación.

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