Los países emergentes liderarán el crecimiento de la demanda de biocarburantes en 2023 y 2024, con la India, Brasil e Indonesia como principales actores, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

El último informe sobre energías renovables de ese organismo refleja que esos tres países tienen amplias reservas domésticas, capacidad de producción adicional, costes de producción relativamente bajos y políticas favorables con las que también pretenden depender menos de las importaciones de crudo.

Se prevé que la demanda global de biocombustibles se incremente en un 11 % para 2024, el equivalente a 18.000 millones de litros nuevos, impulsada por el interés en garantizar el suministro de energía tras la invasión rusa de Ucrania.

No obstante, las nuevas políticas energéticas en las economías avanzadas no influirán en la producción hasta después de 2024 y solo unos pocos países están intentando acelerar el uso de biocarburantes para el año que viene, según la AIE.

Indonesia se ha propuesto aumentar su objetivo de mezcla de biodiésel hasta en un 35 % del combustible en 2023 frente al 30 % de 2022; Brasil planea aumentar ese porcentaje del 10 % en 2022 al 15 % en 2024; y la India se ha comprometido a lograr un 20 % de mezcla de etanol para 2025.

En las economías desarrolladas, la demanda de biocarburante se estima que aumentará un 6 % entre 2022 y 2024 (5.700 millones de litros), sobre todo en Estados Unidos y Europa, que tienen interés en reforzar su seguridad energética.

La Unión Europea está planeando, a falta del acuerdo final, elevar su objetivo de consumo de energía renovable del 32 % actual al 42,5 % en 2030, aunque existen dudas sobre la difícil verificación del origen sostenible de las importaciones de biodiésel, el 40 % del total en 2022.

Además, el estudio apunta que los precios del etanol, el biodiésel y el diésel renovable permanecen por encima de los de gasolina y diésel, por lo que el biocarburante solo puede resultar más rentable para los consumidores si se subsidia.

En Estados Unidos, la llamada Ley de Reducción de la Inflación supone una inversión de 370.000 millones de dólares (unos 330.000 millones de euros), la mayor parte dedicados a dar incentivos a la producción de energía limpia y la compra de vehículos eléctricos, así como a la infraestructura para biocarburantes.

La agencia de protección ambiental estadounidense (EPA) ha propuesto recientemente unos objetivos de mezcla de biocarburantes hasta 2025 que apenas cambian los que ya había, teniendo en cuenta las limitaciones de la materia prima.

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